Ya se acercaba la llegada del Papa, Juan Pablo II a Colombia y en su arribo a Chiquinquirá, llegaría al batallón, Donde lo esperábamos una comitiva integrada
Por un grupo de Oficiales de alto rango y sus señoras. Entre ellas, estaba mi Esposo
Y por supuesto, yo. Fue el 5 de julio de 1986 Siendo aproximadamente las 9 de la mañana el helicóptero apareció Sobre el helipuerto de Batallón. la gente lloraba, se arrodillaba, cosa que yo no entendía Pues si era verdad, que le sentía mucho cariño y respeto, por ser la máxima jerarquía de la cristiandad, estaba claro que yo no lloraría.
Como siempre me caracterizaba mis continuas bromas hacia mis amistades, ese día no era la excepción solamente me reía y me mofaba de su actitud, auque con mucho respeto hacia esos seres que siendo mis amigos no quería ofender, solamente reír y disfrutar de su emotividad. Siendo yo una persona muy querida por todos se que lo podría hacer, sin ningún temor de que alguno se molestaría, ni siquiera el General y su señora esposa, que en paz descanse. Pues también eran muy amigos míos.
El batallón se vistió de Blanco, Miles de pañuelos y de palomas, salieron de nuestras
Manos en Pro de la paz que tanto pedíamos por Colombia.
Caminó, sobre una alfombra roja, llena de pétalos de Rosas Blancas que llegaba hasta nosotros donde lo esperábamos para no solo saludarlo, sino recibir su bendición.
Se acerco a cada uno de nosotros y nos ofreció la mano como gesto de saludo, al llegar a mi algo me sucedió. Quede petrificada. No me podía mover, solo miraba esos dulces ojos que tiernamente me saludaba. vi. en ellos la mirada de Dios y de mis ojos brotaron miles de lágrimas que no podía contener, de mi labio no salio ninguna palabra, no lo podía hacer. El Santo Padre se acercó a mí y con un tierno abrazo me saludo. Fue un día imposible de olvidar. Un día donde sentí la mirada de Dios posarse sobre mí. Esa era la mirada de Karol Josef.
Eliana