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Ponga una bruja en su vida.
El termino bruja, siempre lo hemos asociado, con maldad, oscuridad. Son muchas las leyendas y las historias que se cuentan sobre las brujas... Verrugas horribles, escobas voladoras, gatos negros que las rondan... ¡Hasta oscuros pactos con el diablo! Yo en realidad pienso que eran unas mujeres adelantadas a su tiempo y por eso en la época de Carlomagno (Estamos hablando del siglo VIII) son perseguidas y se las declara la guerra abiertamente, porque se cree que pactan con el diablo. La historia que nos ocupa no es precisamente de las brujas de aquella época, sino de personas que son realmente malvadas... Las historia que os voy a relatar es del siglo XXI, reales como la vida misma y que pasa en el día a día cotidiano. Una voz chillona, llamo desde el salón, que se encuentra junto al baño principal, de una gran casa, casi parecería una mansión comparada con los apartamentos, guardillas o pisos que actualmente vivimos. Era una voz autoritaria, potente, perteneciente a una malhumorada anciana de unos setenta años, entrada en carnes, muy pintada, arreglada en exceso. La anciana lucia como generalmente, cuando estaba en casa, una falda de lana, una blusa clara, y una gruesa chaqueta de lana. Aparentaba más edad de la que tenia, debido sin duda a lo agrio de su carácter. A ella le gustaba llámanos”las asistentas”. Éramos generalmente dos, Charo (que así la llamábamos a mi compañera). Ella era la encargada de la limpieza y yo de la cocina, aunque a veces yo también hiciera sus tareas y ella las mías de vez en cuando. Charo estaba en la sala principal y yo me encontraba en el ancho despacho que la anciana solía usar para sus papeles y su anticuada maquina de escribir... Inmediatamente apareció Charo, al ser requerida por la voz de pito de la anciana. Sus ojos estaban inyectados en sangre, delatando el mal humor que sin duda la anciana poseía en ese momento y en todos, porque pocas veces se le veía sonreír sino era forzadamente Ambas le teníamos miedo. -¿Qué desea Doña Isabel? Así era como la gustaba que la llamáramos supongo que pensara que por llamarla así, podía aparentar lo que no es o tal vez ganarse un respeto que yo por mi parte jamás la daré. -¿No has terminado aún? Voceó, gritó, y casi pataleó. Ahí, en esos momentos es cuando yo realmente sé que es una bruja malvada. - Aún no he terminado, contestó la joven - Pues date prisa te pago por horas, se limitó añadir la “señora”. Jamás le he oído un comentario amable de nadie, salvo eso sí, si a ella le interesa conseguir algo de alguien. Es una mujer carente de elegancia, extremadamente maniática, camina muy erguida. Supongo que tendrá el pelo totalmente blanco, pero yo en estos diez años que la conozco jamás la he visto una cana, siempre va inmaculadamente teñida. Nos mira siempre por encima del hombro, se considera mejor persona y con mucha más cultura por el mero hecho de tener más dinero que nosotras. Me da pena, pero sólo ocasionalmente, que os quede claro.
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