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Por regla general, lo que se oculta tras la impaciencia, es el miedo al fracaso. Quien desea satisfacer sus deseos con rapidez- por ejemplo, con una promoción laboral- en realidad no están seguras de abrirse camino por medios propios, por esa razón se aferran a la inmediatez como si fuera su última oportunidad. Este, es el perfil de las personas que viven pendientes de un golpe de suerte, de hallar un hueco que les permita infiltrarse en una posición, que en el fondo, creen que no les corresponde. El oportunista, es impaciente por saber que sólo puede medrar, cuando los elementos externos, se conjugan caprichosamente a su favor. La impaciencia, es un peligro constante, para quien se deja guiar por ella. ¡Cuantos proyectos de han frustrado por airearlos antes de tiempo!!. Las relaciones personales, que se deterioran por un golpe de genio, o las horas que dedicamos a deshacer entuertos originados en un momento de impaciencia. No hay que dejarse arrastrar por la inmediatez, pero tampoco "dormirse en los laureles", hay que permitir, que el tiempo madure nuestros actos y decisiones.
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