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El induísmo nos enseña, que teñimos la realidad de nosotros mismos: Si la miramos con odio, el volverá a nosotros, pero si lo hacemos con amor, será ese mismo el que encontraremos en el camino. El Karma, es una ley cósmica de causa y efecto. Y no sólo acumulamos buen o mal karma con nuestros actos, también lo hacemos mediante nuestros pensamientos y palabras. Quien utiliza el lenguaje para difamar o maldecir, acabará recibiendo el mismo trato. Los pensamientos negativos, son un bumerán; si desconfiamos de todo el mundo, atraeremos desconfianza, si envidiamos o deseamos el mal, jamás seremos merecedores del afecto ajeno. Una prueba evidente de esta clase de karma, la encontramos en la esfera de la amistad. Las personas alegres, generosas y con buenas intenciones, están rodeadas de amigos, mientras que las retorcidas y rencorosas, siempre se enzarzan en conflictos, y la gente rehuye su compañía. ¡Si tomamos conciencia de ello, empezaremos a cultivar flores en lugar de malas hierbas!!
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