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 Asunto: Carta nº 10
NotaPublicado: 19 Nov 2011, 20:01 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Santa Fe, 20 de noviembre de 2012.
Querida Edith:
Quisiera entender qué dicen estas palabras que descansan en el papel que está en mis confundidas manos; sé su pretensión, confirman lo dicho y ocurrido; ha sucedido en algún momento, no son ficciones creadas y recreadas en mi mente.
¿Debo creerte?
Dices que en aquel momento algo sucedió… que no comprendes.
Y lo afirmas tú, justamente quien tomó la decisión; a solas, con segura firmeza.
Mi imaginación, por aquellos días, no se detuvo a presentir ni fue lo suficiente astuta como para prevenir lo insospechado. Perdón, no demostré ser lúcido. No supe prestar la necesaria atención al preciso instante de las determinaciones transcendentes y fue tarde.
Es que cometí el error de depositar ingenuo, sin reservas, confiado a un destino compartido y para siempre, mi corazón. No acuso, me inculpa no haber estado lo suficientemente alerta.
Admito que por momentos el amor ciega, confunde, convierte murallas en arenas, desarma, vence a los irremediablemente rendidos a sus pies, hiere. Pero yo no concebía esos destinos.
Me he dado de tantas cosas cuenta, por ejemplo, que el tiempo no siempre discurre aunque lo haga; la soledad se transforma en malquerida pero compañera al fin, y el sabor de la tristeza consume y se funde en los pequeños espacios donde aparenta morir, día a día, la esperanza que no termina de irse.
¿Habrás sentido lo mismo?
Esta carta tuya que hace días me acompaña, la leo y la releo, de inmediato mil recuerdos delatan agraciados momentos quizá, irrepetibles, que mágicamente se transforman para perturbar; desquician.
Confundido, dudo.
Escribes expresando no comprender tu decisión; imagina mi horizonte hasta hoy dolorosamente oscuro, sin amaneceres deseados, ni un minúsculo reflejo de esperanzas que me ayude.
Si es cierto que la duda no te abandona, que todavía la inseguridad como mínima partícula imprecisa y presente se deposita oculta en un hueco descocido de tus emociones, me pregunto: ¿Puedo ser yo, el sendero conocido, la solución buscada?
No hay padecimiento mayor del que pasé y paso. Sin embargo, por lo que a ti aún me une, debo advertirte que no deseo convertirme en un atajo. Y no es por mí, bien lo sabes.
La decisión volverá a ser tuya. Ahora estoy advertido. Tómate el tiempo que necesites y si lo crees, no te dejes engañar con habilidades que emboscan y obligan a buscar salidas. Solo que ahora, con la partícula oculta de la duda no será tan fácil llegar a los caminos llanos e inocente que seguro lleven al final buscado.
He dejado claro que está en ti nuestro mañana, más aún, te he dicho que, porque hay razones, en esto de las culpas no estás sola. Permíteme compartirlas, no quiero volver a equivocarme, a no ver que las situaciones cambian y para alcanzar el pequeñísimo y casi único edén de los mortales, es obligado el cultivo cotidiano.
Hay preguntas, en estas palabras transmisoras de tantos sentimientos encontrados, superpuestos, cuya respuesta necesitas pero ya conoces. No hay ni habrá condición alguna, ni reproches, ni condenados.
No me pidas que acabe mi dolor, tampoco yo lo haré. Allí permanecerá, vivo y oculto hasta que se consuma, si lo hace; y sino departiré, de vez en cuando, alguna conversación tratando de hacerle comprender que ya no lo preciso.
Te interesas si las cosas han cambiado. Algunas sí, debo confesarlo. Tus adornos, el escritorio que usabas y los estantes de la biblioteca ostentan una pequeña, cada vez menos imperceptible, capa de volátil tierra; la gata aburrida y sin permiso decidió, en mi ausencia, jugar con el caleidoscopio que me regalaste en nuestro tercer aniversario, encontrarás en su mágico interior hermosas figuras multicolores nuevas; la hortensia finalmente decidió volver, sin tu atención, al color original sus flores azulinas.
El resto sigue igual…mis desordenados lápices, gomas y bocetos, el olvido de la manteca fuera del refrigerador, el condenable uso de sandalias con medias y la distracción de no cerrar una canilla. Y lo único importante, tu ausencia.
Como vez, he tratado de mantener casi todo como a ti te gustaba por si alguna vez me llegaba una carta en que anunciabas tu deseo de regresar.
Y tan rápido como puedo respondo a tus dudas y preguntas y correré con el último punto que mi pluma deposite hacia el correo más cercano.
¿Sabes? Dejaré la llave de la puerta donde siempre. Volveré del trabajo por las mismas calles pero desde hoy seré el otro, no el que fui y el que me pidas que sea.
Amor, esta carta te parecerá algo extraña, no te enviaré en papel un beso ni me despediré de ti, solo te espero.
Juan Manuel.


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