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El amor entre barreras Si estas palabras fuesen las últimas, mis labios estarían temblando como el viento frío de una noche de invierno. Hacía tiempo que no me plantaba aquí, solo, delante de un papel en blanco para escribir mientras mi mente dibuja una sonrisa, una cara que no puedo dejar de recordar. No quiero bailar canciones tristes. Hoy quiero dejar a un lado todo aquello que hemos inventado para evitarnos. Todo lo que no es verdad entre dos personas que se lanzan miradas sabias. Quiero rescatar lo que hay dentro de mí, lo que me hace vivir con una ínfima luz en una muralla tan alta. Una muralla que tú no has parado de alzar desde el día que te conocí. Y hay algo mucho más fuerte que toda esa inútil pared que cada día te convence más de estar lejos de mí. Algo, una chispa, que la gente capta en un simple instante, mientras nosotros la convertimos en cómplice. Quiero rescatar abiertamente todas esas canciones que nos deletreábamos, que hacíamos nuestras cada día. El tiempo me ha llenado de polvo, de un polvo gris que me cubre de lo que de verdad soy, y siento. Siento que no me he deshecho de nada de lo que me llené aquel día cuando entré en un laboratorio, y estaba la mujer que ahora conozco, y que quiero. ¿Por qué callarse? Te quiero como el aquel día que entré en aquel bar de copas. Aquel momento para mí ya es sinónimo de noche mágica. Sé que el tiempo trata de arrancar y acostumbrar todo lo que despierta ilusión. Y en este mar turbulento en el que no ha parado de llover, siempre he agarrado con fuerza esa ilusión. Ilusión del comienzo de un día contigo, y de hacer de ese día una vida. Nunca perdí las ganas de verte, de hablar, de, simplemente, estar contigo. Llegó un día que abandoné mi musa. Pero ahora llega el día de explotar de sinceridad. Te quiero, Leyre. Ojalá llegue un día en el que tú vivas sintiendo, y con ganas de mí. Pero eso es una canción que no puedo cantar. Y, si estas son las últimas palabras que te escribo, llévalas contigo donde estés. Siempre se ha dicho que mujeres hay muchas. A esos yo les digo que no quiero a muchas, si ya conozco a una. Déjame decirte hoy hasta luego, para que algún día pueda saludarte de nuevo.
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