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Escribir sobre sentimientos siempre resulta complicado ¿Qué decir que sea justo con la magnitud de lo sentido? Y sobre todo ¿Cómo hacerlo sin comprometer al otro ni estropear lo establecido? Supongo que ser uno mismo sin tapujos conlleva el riesgo de la destrucción y de la incomprensión, datos que faltan son camuflados por la lejanía y la subjetividad, elevada a un punto de relatividad infinito que ciega toda justicia, convirtiendo la realidad en un asunto dañino. Debes saber que aunque adquirí compromiso, natural y tendente, con mis sentimientos, se torna complejo verlos escritos como si de una descripción de la novela de mi vida se tratase. Hace tiempo que nos conocimos, o al menos tenemos la certeza de que uno existe en el espacio del otro, quizá para ser del todo justa y hablar sólo de lo que me compete por defecto, debería decir: hace tiempo que existes en mi vida. Sé que no es nada nuevo ni revelador, de hecho, leerlo en voz alta hace de esta declaración una frase ridícula, pero debo decirla y explicarla de tal modo. Conocer siempre va más allá, pero soy incapaz de juzgar la amplitud de tu misterio para afirmar que te conozco más allá de todas tus incógnitas. Aunque quisiera. Por otro lado, existir, ser, es condición indispensable para la vida, aunque existir en, admite la consciencia de otro sujeto más allá del que existe. Y entonces te hablo: existes y eres, inevitablemente, en mí. Puedo recordar perfectamente el momento, el preciso instante en el que tu respiración, símbolo fisiológico de tu existencia, comenzó a ser la “música” de un enamoramiento furtivo y lento. Debo admitir pues que siempre, aquí o allá, hubo un trozo tuyo, tal vez robado, en mí, en cada decisión al margen de su acierto. Te conocí justo cuando el castillo de naipes había empezado a construirse por la cima de las colmenas, cuando toda conexión terrenal, en términos de sentimiento, se reducía a la inexistencia o a ti. Tú eres, has sido y serás la persona que más me ha hecho soñar y esto es sólo posible porque tú representas a priori, en mí, lo terrenal, lo que es, el punto de partida que me impulsa a escalar desde un tierno prado verde hasta la cima de la montaña más helada, sin temer siquiera el frío que pueda experimentar. Sin duda eso asusta, me asusta, sobre todo dado nuestro silencio, que aunque increíblemente bello, también es extrañamente confuso. Yo arriesgué mi felicidad en mi empeño por salvar a alguien perdido que hizo que me perdiera sin darme cuenta de que el precioso estado natural de pérdida contigo, de aventura, de no lugar, de halo onírico, era lo más justo para encontrar, lejos de mi ego sediento de precisión, una imprecisa e infinita, por ello amplia e inabarcable, felicidad sin dualidad. Puedo decir sin temer que tú instalas en mis huesos el armónico equilibrio de caminar como tendencia natural, me haces sentir segura y sosegada. Jamás he experimentado una calma tan cariñosa como la tuya, que no se puede comparar, ni reducir, ni describir. Tu energía es ascendente, toca los astros y te impregna de ellos en tu mirada inconsciente hacia el avance. Tras cada abismo, en positivo o negativo, eres como el estabilizador de mi energía que me recuerda que, tras la furia del océano, existe una tímida barca que sobrevive como si Neptuno la abrazara con sus manos de mar salvándola del naufragio. Todo esto se gestó en mí antes de aquellas constantes caídas por miedo a quedarme sola en un mundo en el que pedirte que me dieras la mano para siempre exigía valentía y quizá egoísmo. Siempre intenté separar de mí, a tu lado, todas las asperezas de la vida, de mí misma, considerándome una cobarde por no sucumbir a lo que había nacido, o lo que quizá sea infinitud pura. Sé que es disparatado afirmar fervientemente que soy una dama en su eterna espiral de enamoramiento de ti. Pero confío que dentro de esta locura, que no entiende de principios ni de finales, puedas entender lo que trasciende a todo esto. Después de todo lo que me ha hecho madurar y llegar a un punto de “no retorno” donde existe un hermoso equilibrio, no sé del todo qué significa esto, este punto que es tan claro como confuso, que convive con otros en la misma esfera, espacio, tiempo. No puedo ser pretenciosa, sería injusto para contigo, pero no debo ocultar nada, porque mi ventana, ojo a la luna, me recuerda que jamás debo ser limitada. Y es que querer que dos puntos se besen para siempre no es un delito, si lo es, prefiero dormir para siempre. Soy consciente de que aceptar ser uno mismo, más allá de la falacia, olvidar la moralidad por unos instantes, puede ser dañino para alguien que me aprecie, considerándome pretenciosa y egoísta por destrozar una pequeña cueva de su mundo. Pero yo no estoy dispuesta a seguir viviendo en una construcción sombría que no he elegido. Por eso, elijo la sonrisa y la luz, la dignidad de decirte todo cuanto albergo, con la esperanza de que puedas amar mis palabras, mi humildad y mi interior, más allá de poder hacerlas realidad o profesarme amor. Eres un ser hermosamente libre, tu voluntad lo asevera, aunque tras tu desaparición, tras unir cabos, he deducido que ejerces tu precioso derecho de amar a otra persona y no puedo evitar decir que aunque tú enterneces mi ira, el nivel de esta realidad duele. Para mí, verte feliz es casi un objetivo, algo que incluyo en mi vida, algo que me encanta observar al margen de mis pasos. Pero verte feliz habiéndome relegado a la cueva absurda de tu indecisión, seguro en tu vida formal, me condena a un abismo sin límites. Siempre he pensado que si alguien alberga en su interior sentimientos sobre otro alguien debe ser justo y decirlo, de lo contrario, se perdería ver cómo florece el cielo ante alguien que es sincero. Este momento es bello por todo lo que emana de él, por todo lo que te doy, porque mereces, porque de algún modo te pertenece y debes saberlo. Pero pido clemencia. No sé en qué lugar, en qué escalón vive mi corazón ahora, o al menos en cuál puede vivir sin romperse. Sólo sé que necesito que seas siempre sincero, no dejes que me rompa como un espejo al caer, jamás me veré igual. No hay nada peor que amar un reflejo y someterlo a su extinción, como si la luna ya no tuviera océano al que mirarse. Nada que sea real puede rompernos en mil pedazos, sólo aquello que crea una mentira, una ilusión vacía. Deberíamos correspondernos en educación. Te doy porque tengo para ti, pero si decides darme algo, no elijas una cadena, elige el hacerme libre, dándome las alas que yo te regalo, dejándome el cielo que se ha abierto ahora. Te dije que te escribiría. Sólo espero que mi corazón, derramado en todos y cada uno de los acentos, no te haga temer ni borrar el vínculo. Siempre tuya, desde el horizonte inescrutable de la maravilla.
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