|
Mi querida Anastasia, después de algún tiempo en el exilio de vuestra compañía, os escribo, sea esta carta para contaros de mi soledad, de mi amor por vos, de mí desdichada suerte sabiendo vuestro rostro lejos de mí. He decidido tomar los arrestos de mi valiente pluma, e intentar desgajar aquí poco a poco mis sentimientos hacia vos; Querida mía, la soledad es maravillosa cuando es deseada, aunque muchas veces sintamos miedo de tenerla como compañera, pero la soledad como retiro, para reflexionar, para encontrarnos a nosotros mismos, sin ser amonestados por impertinentes e inseguros con afán de protagonismo, es sin duda la mejor de las invitadas, y nosotros nos sentimos el mejor de los anfitriones, haciendo y deshaciendo a nuestro antojo y recibiendo de nosotros mismos agasajos, como merecedores del elogio más certero, sin que nos obsesione el qué dirán, aunque en muchas ocasiones, esas críticas nos parezcan de lo más certeras. Bueno, este ya no es el hilo conductor de esta carta, así pues os contaré que, después de este tiempo hibernando en la osera de los miedos, me he dado cuenta de que vos tenéis la llave de la valentía, yo había perdido la mía y con ella os perdí a vos, pues ya no sé cómo ganar esta batalla, donde vos sois el exilio y yo la derrota, tarde me he dado cuenta de que no hay victoria alguna, así que he vuelto a sacar mis armas de conquistador para volver al campo de batalla. Querida Anastasia, hoy estoy feliz y a la misma vez siento una enorme ansiedad, por contaros cuanto he padecido por vos, por como voltean las campanas de mi alma cuando escribo vuestro nombre, a veces siento vuestros pasos, armoniosos y decididos a la vez, y me volteo como si fueses a aparecer, sin suerte alguna, compruebo de nuevo mi soledad. Heme aquí, contigo siempre, nunca me desprendí de vos, siempre guiaste mi corazón desde la lejanía, como el andarivel de los ríos, el amor que una vez me regalaste, sigue siendo el mejor tesoro que he guardado, pero de qué sirven los tesoros si no se comparten con los más queridos, que por miedo a perderos, no he vivido antes, y ahora tampoco vivo, la angustia de no poder explicaros, de que vos no me entendáis, de que no sepáis donde me encuentro, a veces reconozco que yo tampoco lo sé, pero duran muy poco estas lagunas, aún, y de pronto me viene de golpe vuestro amor y me sitúa en el universo de vuestro rostro; ese universo de los olores, de los colores, de los sonidos, esos que nos provoca a los desmemoriados, sentir amor , antipatía o apego. No sé si llegado ese momento en el que el olvido sea perenne, será para bien o para mal, porque no acordarme de vos, sería mi tragedia, pero pienso que esta angustia de no saber donde paráis es mayor, pues a veces olvido el dolor, pero otras, olvido la felicidad. Ahora le temo al tiempo, ese es mi mayor enemigo, por eso es que te escribo, para cuando ya no recuerdes este enorme sentimiento que me ha unido a vos de por vida, sepáis cuanto os quise, en silencio sí, pero os ame más que a nada en este mundo, perdón, os amo, porque cuando me veáis con la mirada perdida, con la espalda torcida, con los ojos tristes, cuando mis manos no reciban la señal a tiempo y se me rompan en mil pedazos las ilusiones, cuando mis piernas no coordinen y tropiece una y otra vez, también os querré, os amaré con toda mi alma, pero como no podre decíroslo, aquí os dejaré mi memoria, y mis recuerdos, ya lo sabéis, no os pido piedad, ni lastima, ni pena, solo una caricia a la luz del sol y un beso bajo la luna, seguramente me gustará, y casi diría que …..Sabré que sois vos. Desde mi ventana intento copiar el mar, una y otra vez en mi memoria, el olor a sal, el ruido de las olas, para guardar vuestro rostro en el, aún recuerdo cuanto os gustaba el mar. Ahora en mi setenta cumpleaños me gustaría, invitaros a bailar ¿os acordás de cuantas veces bailamos en aquel saloncito de los tangos? ¡Como me gustaba ese vestido de color violeta! y como disfrutamos de aquellas copas de vino, que nos dejaba derramar nuestros pasos al son del tango, bajo la luna de los mil sueños, cuanta nostalgia mi querida Anastasia. Hoy me han dicho que esta enfermedad que es llamada alzhéimer, es degenerativa, que el olvido se cobrará mis recuerdos poco a poco, pero quiero que sepan que mi corazón no está dispuesto a olvidar, y que cuando no me sigan mis sentidos, cuando mis extremidades me abandonen y las palabras no fluyan de mi boca, yo, mi querida Anastasia, te seguiré amando como la primera vez. Dadme el vino en vuestros labios, poned vuestras manos en mi espalda y abrazadme, os juro, amadísima mía, que siempre sabré que sois vos, aunque no diga vuestro nombre y que no tendré que volver a aprender a quereros otra vez, eso, juro por Dios, que jamás lo olvidaré.......
|