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Querido James: ¿Sabes una cosa? Te echo de menos. No te imaginas cuanto. De verdad que no lo sabes. Los días sin ti no son lo mismo, extraño tus caricias, tus besos, tus miradas. ¡Ay, qué miradas! Recuerdo cuando nos conocimos. Nada más verte supe que eras tú, el elegido, aquella persona en la que pensaría las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Sé que al principio te rechacé, me alejé por miedo, por mis inseguridades, porque no estaba preparada para poder amar de verdad. No quería volver a equivocarme. ¿Recuerdas cuando nos besamos por primera vez? Todavía cuando cierro los ojos siento como me agarrabas con seguridad la mano, mientras paseábamos por la playa y me prometías amor eterno. Anhelo levantarme y ver tu cara sonriente, siempre con unas bonitas palabras que susurrarme al oído. Lo que daría por volver a oír un “te quiero” tuyo o un “buenos días princesa”. Mis amigas me dicen que me he vuelto loca, que tengo que olvidarte, que nuestro amor es imposible. Pero no puedo. Tú has conseguido llegar a lo más hondo de mi corazón. En poco tiempo has querido conocer todo lo que hay en mí. Y por eso me niego a renunciar a ti. He soñado contigo, varias veces a lo largo de este año. Son diferentes situaciones, pero siempre acabamos juntos donde nos conocimos, abrazados y felices. Eso debe significar algo, ¿no crees? Yo creo en el destino y con certeza sé que tú eres mi destino. Qué suerte haberte encontrado tan pronto. Eres simplemente perfecto, un ser maravilloso. La distancia es lo único que nos separa, un gran impedimento, pero como siempre me dijeron: “Si amas algo déjalo libre, si regresa es porque es tuyo, si no nunca lo fue”. Te prometo que volveremos a vernos, que volverás a hacerme tan feliz como aquellos días de verano. Gracias por enseñarme lo que es amar. Para que te acuerdes de mí en los momentos de nostalgia, te he escrito estos pequeños versos desde lo más profundo de mi alma.
Dicen que la distancia es el olvido y que el olvido daña a la gente Pero recuerda amado mío, que aunque que no pueda verte no puedo dejar de quererte.
Quiero que todo claro te quede y que me prometas que me esperarás para siempre por muy duro que eso sea.
Cuando tengas tus dudas mira al cielo sonriente y vuelve a leer esta carta que mis palabras sinceras tiene.
Te amo, te quiero como jamás pensé que podría llegar a querer. Siempre seré tuya. Recuérdalo.
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