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Piense usted, que todo lo que yo le he dicho y le digo, se podría condensar en dos palabras, en dos palabras que pueden ser las más dulces, las más simples o las más difíciles y dolorosas. Dos palabras que han debido ahogarse en mis labios, ya que no en mi alma. Mi vida se hizo un tormento y absurda mi ilusión, lo que sufrí desde que lo conocí no podre decírselo nunca. Entre a mi dormitorio como a un sepulcro, sin más consuelo que el de pensar que lo vería. Tuve un relámpago de felicidad, por un momento aquel despertar entre sus recuerdos, se convirtió en un sacro deleite para mí. Lo único que deseaba era tenerlo cerca en ese momento. Fue para mí algo nuevo, terrible, delicioso. Y luego de su atónita partida, sufrir, sufrir lo imposible….. Yo no esperaba nada, yo no podía esperar nada, y prefiero, el sueño de lo que pudo ser a todas las realidades, donde su amor sea el llano de luna. Me encontré subyugada a su sonrisa displicente, de caballero ayermado, y de esta manera me he convertido, en esas pobres almas débiles, eternamente rendidas al amor. Me siento íntimamente herida, ergo es más que la proyección de un deseo. El feble murmullo de la pasión, abrazo en un crepúsculo de reminiscencias mis orillas, rasgando los hábitos de mi cuerpo embravecido. Cuanto bello pájaro convertido en plumas púrpuras rastreras, lágrimas de hebras pululantes, cayeron de mis ojos. Mas debo proseguir, mi sendero hacia la hipocresía del ser victimizado. Hierba crecida en su recuerdo, yacida en la mantención de un cuerpo. Así, en la boda real de las cosas le dije si yertez declarada, asistí sin pensarlo a la muerte de ODIN, cual paradoja de lo eterno.
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