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Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porqué en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo,…. Julio Cortázar
Ya es tarde Maga, demasiado tarde, para comprender todas las metáforas y los trazos pictóricos del camino. Esto que en origen llamamos aventura. Te escribo sobre tus humillaciones en los cafés allí, en aquella ciudad donde brillando te hiciste extranjera. Sí, aunque perderla fue lo importante, nunca olvides tu sangre Maga querida. Una tarde perfilaste con tu aliento espacioso mis gélidos pulmones, en movimientos libres, parisinos. Tu aire impulsaba velas de regreso al hogar que jamás te acomodó y así, tiempo después, volviste a casa a estrujar tu vida, a charlar con madre de padre que me está cada vez más raro hija, o del hombre que quizá te amó cansado entre tantos chistes malos y bromas repetidas. Memorizabas los caminos falsos marcando con esas equis jeroglíficas el tesoro inconcluso de tu exilio. Dicen que fuiste a Peruggia o Firenze, ya no importa. Si oías la rugida a tus fieras mejor ser lejos hablando las maravillosas palabras tintineadas por Dante o Ariosto y escupidas por tenderos del porta portesse en San Lorenzo comerciante. Maga, que te han llamado Lucía, Sandra, Maite, Erika, Charo y luego Teresa o María, tantos nombres que ahora sabes bien quién no eres y cuál lluvia vale más que los libros. Y por ti sobreviviste tanto, por ti, decía, birlaste las nubes ingrávidas de Boticcelli y Giotto haciéndote esponjosa e inmortal. Me debes las briznas de sangre parda que brotan de nuestra imposible herida. Siguiendo cada tenue gota derramada, como Ulises paranoico o Javert enajenado, di tarde contigo y mi vida ardió a regazo lento en la rotundidad de tus formas más sabias y poderosas. Si me olvidaste o si no echas de menos recordarme, si calmaste tus ojeras con otros, solo importa, que estás acá o allá, pero a mi lado. Por ti seré legal, decente, dejo los robos, de colarme en los tranvías, abandono el poema que te estoy escribiendo a oscuras y a locas, y te resumo mi ruina en humo, silencio o espera. Estamos rotos mi vida, muertos de frío y apenas vistiendo esta aventura harapienta de sabernos existentes y lejos sin remedio, uno del otro, cada uno de sí mismo. Saber que estás, saber que vives, amas y aún no mueres, me mata Maga, me mata si no es contigo, pero no dije te quiero ¿verdad? Y lo hago porque no lo digo, porqué aún no sé si puedo ganar la débil, templada y heroica puja de tus corazones, sopesando planta, gesto, emoción, valía y ternura de aquellos, tantos, que te pretenden. Sobornado por la vida perdí todo y desnudo me presento ante el recuerdo: no puedo ganar a nuestra memoria. Vete tan lejos como puedas, huye para siempre. Prometo no buscarte cuando en sueños te vislumbre, fusil al hombro y con el alma haciendo aguas. Permíteme callar y dormir bajo tu venganza. Si escucharas canciones, evita enternecerte. Esconde el rastro de hada para que nada malo te siga. No me cuentes, no me olvides y no me dejes. No me engañes quedándote, aunque nunca logre de ti irme completamente. Aprende que si yo nunca te quise fue por no quererte aún queriéndote. Maga sin truco, Maga sin personaje, Maga sin mí.
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