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 Asunto: Carta nº 458
NotaPublicado: 30 Ene 2012, 22:56 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
1 de abril de 1939
Mi amado Andrés:
Hoy acaba todo, al menos, eso han dicho en la radio, y las campanas de la iglesia han repicado segundos después. Así que no importa que nuestra causa haya perdido, porque yo ya no sé qué sentido tiene esta causa si tú no estás a mi lado. A nuestro lado.
La próxima semana Miguel cumple cinco años, tres de los cuales tú no has podido verlo crecer. Cada vez que me pregunta dónde estás y yo trato de explicarle las razones que te han llevado lejos, me convenzo más y más a mí misma de que ya no tengo argumentos. La cosa empeora cuando me dice si vas a volver andando o sin las dos piernas, como el padre Tomás, o tumbado y con los ojos cerrados como el de Luis, los dos únicos niños de sus edad con los que nuestro hijo ha tenido contacto en estos tres años de infierno. Verles jugando a que son sus padres luchando en el frente para que sus hijos sean libres es algo que ninguna madre debería tener que presenciar.
“Mamá, ¿cómo sabes que papá va a volver sino ha respondido a ninguna de tus cartas desde hace meses?”
Eso es lo peor que puede preguntarme. De todas las preguntas que me ha hecho a lo largo de estos años, a esta es a la única que no respondo con sinceridad.
Porque la verdad es que estoy perdiendo la esperanza. Aunque te escriba cada semana y ninguna de mis cartas sea devuelta, aunque en mis sueños te vea regresando a casa, aunque haya noches que te sienta a mi lado en nuestra cama, que sienta el calor de tu cuerpo, el tacto de tus manos en mi piel, tu aliento en mis labios… A pesar de todo eso, algo en la boca del estómago me dice que has muerto.
Así que hoy acaba todo. Los dos bandos dejarán de luchar, los padres, hijos y maridos, dejarán de morir, y bien sea vivo o muerto, volverás a casa. A Dios le pido cada minuto que sea vivo, andando y con los ojos bien abiertos.
No importa que esta posguerra sea otro infierno. No hay nada peor que no saber de ti, que la incertidumbre de no saberte vivo. Vuelve a mí, vuelve a nosotros, pues qué más da qué régimen depare a este país destrozado, mientras viva a tu lado no me importa comer una sola vez al día, vivir en este pueblo que ha perdido a más de la mitad de sus vecinos, o tener que enseñar a nuestro hijo que el ser humano no es capaz de convivir en paz si no es imponiendo su fuerza y su voluntad.
Si vuelves, te prometo que haré de nuestro hogar el sueño de un país libre. Nuestra casa será a menor escala el mundo por el qué tú has luchado, aquí seremos libres, porque nadie puede quitar la libertad a un corazón que sueña.
Pero si no vuelves… guardaré para ti mis sueños cada noche. Viviremos en ellos los días como tú los hubieras querido, y cuando la muerte venga a buscarme, nuestras almas seguirán disfrutando del sueño de esa vida juntos que me prometiste cuando pediste mi mano.
¿Recuerdas la tarde del 1 de abril de 1935? De alguna manera, hoy es nuestro aniversario. Porque esa tarde te arrodillaste frente a la fuente de la plaza y me declaraste tu más profundo y sincero amor delante de todo el pueblo. Les gritaste a todos:
“Esta es Belén, la mujer que amo y que quiero que sea mi esposa y la madre de mis hijos, y a la que prometo hacer feliz si ella me acepta”.
Lo hiciste, amor mío, me hiciste tu esposa y me has hecho feliz cada segundo que has estado a mi lado, pero te marchaste y mi corazón está tan destrozado como la fuente de la plaza, la cual fue alcanzada por un bombardeo aéreo el año pasado.
Nuestro hijo te manda un abrazo y este dibujo que acompaña a la carta. Ha debido de heredar de ti la habilidad de dibujar, porque sólo tú habías sabido reflejar mi rostro en papel tan fielmente como ha aprendido a hacerlo Miguel. La única diferencia entre sus dibujos y los tuyos es la expresión de mi mirada. Ahora parece vacía, perdida, desesperanzada, cuando tú me mostrabas sonriente, anhelante y enamorada.
Vuelve Andrés, vuelve y haz que mis ojos recuperen esa mirada, haz que los pedazos de mi corazón vuelvan a su lugar, como las mujeres del pueblo estamos haciendo día a día con cada piedra que ha sido demolida, cada edificio que ha sido derribado, cada familia que ha sido rota.
Vuelve. Vuelve. Estés donde estés, vuelve Andrés.
Tu amante y fiel esposa. Belén.


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