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Querido “Caballero Solitario” honrado con la orden de retorico letrario… antier, ayer, hoy y hasta que el poder de mi doliente naturaleza soñadora lo permita, a la sazón del corto plazo y seguramente a la luz de mis crepusculares y episódicos recuerdos, que estoy segura correrán en río perenne a lomo de suspiros, en ese preciso momento, me encuentro. Vuelco y miro mi ventura, ¡bebí de tus pensamientos pedagógicos el raudal de tu fortuna!, más tanta gratitud no cabe en un suspiro, por eso es lógico que han de perpetuarse en la savia de mi vida. Cuanto quise inicialmente amarte en exclusiva, mas me fui llenando de gozo al ver que te dabas a un todo indivisible y sin censura, consumaste siempre en fastuoso viaje, desde el socavón hasta la cresta de la cima; aprendí entonces que de más donarte más me pertenecías, fue así que me volví ladina. Hoy he de confesarte… ¡Te ofrecí sagaz a cual más urgido y famélico lucia! Egoísta, envidiosa hubiera querido ser yo quien normara tu legado, mas no fue así… de no existir yo, ¡Igual te hubieras entregado!. Concédeme hoy por un momento ufano, mirar en mi imagen capacitada diligencia, sigue mis mandatos… ¡Llévame en tu esencia!, recuerda mi imagen, construida con tu aromática presencia. Si, compañero eterno, sembrador de ideas… quien no te ha amado… no ensayó ni se entreno para la vida, y es que donde se venden cursos para aprender pedagogía, no siempre se aprende a vivir con rebeldía, cualidad virtuosa en la que jamás espigan intimidaciones y en cambio cultiva un racimal de rosas, que al ser juzgado por la estética alevosa, destaca punzante dos cientos de espinas de una rozagante rosa. Travieso jacobino, nunca complete el proyecto de enredarte en mis ilusiones lobinas. Soñé de tus labios sorber mensaje y expresión muda… ¿Qué código usaste que desconcertó mi vida?... ¡Dejadme por fin completar esa imagen auditiva!, mira que a la luz de la razón no encuentro sosiego, y en el dilema me encuentro … ¿Es verdad mi idea o ideal mi objeto? Enmascarada de duda, no he sabido descifrar lo que atesoro y no tengo, he llegado a preferir ruina y decadencia reflexiva, mas de juzgar tanto… llego al punto que desconozco. Qué pasa que no decaigo tras el recuerdo de lo que poseo y no tengo… ¿A caso para no entender esta vez me preparaste?, si así fue, conseguiste el cometido… ¡Modelo nuevo acuñaste, modificaste el estamento! Tanto significa en mí todo cuanto representas, aún cuando no transcurre por las pistas sensoriales, de pronto regreso, y sin bebed de tus palabras saboreo y repito de tu intima sustancia; sin comparecer te traigo para paladear las mías, aguza pues tus oídos que en pose tan conventual, suelen recibir igual paradojas, suspiros o sólidos argumentos; si omitir la regla y desterrar monotonía consolida siempre tu fiel reglamento… ¡Educar para la vida!, instruye pues a otros tantos a gestar agitación creativa. Siempre fiel a tu memoria, surco el campo y remuevo la ruina, me arrojo al mudo cual diminuta semilla, acudo avizora a intima y continua cita en situación corriente de la vida. Aspiro tan sólo a predicar frente a tu espejo, de pronto me encuentro… una vez más cargando un hatajo de tus pedagógicos recuerdos, ¡Concurso eterno de educar con el ejemplo!
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