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Al condenado Aun oigo temblar de emoción al suculento espejismo trágico, desde la lejanía, el condenado estaba temblando. Pero no puedo verlo supurar pensamiento - aislamiento - descarrilamiento - adormecimiento - enamoramiento - desangramiento - sanguinariamiento - … Sobre las lilas amarillas no veo rodar su cabeza hasta mí. Su inigualable cabeza única. No, la ilustre cabeza rodante del tan odiado ajusticiado, rondando hacia el barranco. Mirad como se aleja de mí la dulcísima pompa de conocimiento. Miren, mi adorada estrella de renacimiento se despeña hasta la desaparición. Y por la eternidad fui la culpable de un segundo de total oscuridad, y ya no oigo gritar al reo, no escucho ya sus excitados gritos de incansable. Que morí de culpa estoy rezando, tras su magnificente cabeza única se fue rodando también mi dicha. Aquí estoy, morando el muro en el que muero, a mero metro un silencio mora otrora por la ausencia que me devora. Por desfiladeros ruedo, me desaparezco de mí, mi propia cabeza colapsada vacía de la suya, se revuelca ausente. Renace, vuelve a tu dueño, activa tus engranajes de pájaro carpintero, replica tu magia. Despierta, mi ejecutado, que ya ha anochecido el día.
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