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DESDE EL INTERIOR
Mi querida Ana:
Cuando supe que mi enfermedad era irreversible y que pronto llegaría el momento en que me aislaría completamente del mundo, decidí escribirte esta carta, dando instrucciones para que te la entregasen el día en que ya no me fuese posible continuar comunicándome contigo, junto a una rosa blanca, como la que te he ido regalando cada año para celebrar nuestro aniversario. Ven, siéntate junto a mí. Coge mi mano y mírame a los ojos…; aunque éstos parezcan estar fijos en otra parte. Sé que estás sufriendo porque crees que te he olvidado, que he enterrado los recuerdos de todos estos años que hemos compartido juntos. Pero quiero que sepas que no es así: estás tan dentro de mí y eres tan importante en mi vida, que es imposible que hayan conseguido arrancarte de mis pensamientos. En este momento te estoy viendo, con esa sonrisa tuya que siempre me ha cautivado, y la expresión soñadora que hace que tus ojos brillen. Quiero que sepas que sigo oyendo tus palabras de amor en mi oído, sintiendo el calor de tu mano sobre la mía, estremeciéndome con el contacto de tus labios cuando me besas, notando el palpitar de tu corazón cuando me abrazas… A pesar de que mi expresión ausente te haga pensar que me he ido, continúo estando aquí, a tu lado. Aunque mi voz se niegue a emitir palabras, sigo hablándote con el lenguaje de mis pensamientos. Y si ahora mis brazos permanecen inertes, en mis sueños se elevan hacia ti y te arropan contra mi pecho. Por ello quiero que destierres las lágrimas que me entristecen, los suspiros que me ahogan, la expresión de tristeza que me desalienta. Háblame del tiempo, de la primavera, del olor a tierra mojada, del color del mar, de las tonalidades del cielo cuando amanece… Tráeme una rosa blanca de nuestro jardín cada vez que vengas a verme. Cuéntame lo que te inquieta, lo que ha vuelto a ilusionarte, lo que te ha hecho reír de nuevo. Recuérdame cosas del pasado, de todo lo que hemos compartido juntos. Explícame cómo van creciendo nuestros nietos, si son felices nuestros hijos, si nuestros amigos siguen con las rutinas de siempre. Ahora me encuentro preso en este mundo interior que no me permite asomarme al presente, pero puedo asegurarte, mi dulce Ana, que me he preparado para hacer este viaje: he traído conmigo un equipaje de recuerdos tan grande, que difícilmente me voy a poder sentir solo.
Recuerda que te quiero y que te querré siempre.
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