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 Asunto: Carta nº 120
NotaPublicado: 12 Ene 2012, 21:46 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Viernes, 2 de diciembre de 2011.
“Marielita, dile a Francy que si sabe contar, que no cuente conmigo esta tarde, que no voy, tú me cubres.” Esa fue la frase que le envié a Marielita, la secretaria de mi jefe, a través de un mensaje de texto. Cuando lo envié, el cielo estaba gris, pero tenía la esperanza de que apenas caerían unas gotas de agua que a Jessica no la asustarían, entonces vendría y me sacaría de la vagancia en la que estoy, y sería una vagancia compartida, jugando tenis de mesa o hablando en algún café. Era la una y media de la tarde. Me había tomado un café negro, el maestro Henry Miller frente a mis ojos, yo devorando su experiencia erótica e incitante en los barrios de Nueva York plasmado en las páginas de su novela “Sexus”. Valga la pena decir que sigo esperándola. Como un preludio de la tarde, empiezan a caer gotas de agua, van susurrando en su caída, se acrecienta el sonido hasta llegar a parecer el ruido de un televisor sin señal y a todo volumen. El agua cae a mi lado, mientras yo estoy en una mesa, al borde de la acera, hace frio y me caen algunas gotas pero no me amilano, solo alcanzo a pensar que Jessica no vendrá, ni se tomará la molestia de llamarme para excusarse, no bajará al centro de la ciudad a lavarse ni a pisar charcos con sus nuevos zapatos tipo apache, ni a salpicarse el pantalón que tan bien le horma. Así la vi esta mañana, que solo me llama para pedirme un favor. Además de la indumentaria que ya describí, Jessica llevaba una blusa de mangas cortas y escote donde mi mirada iba cayendo en un hermoso valle, cuyos pechos se demarcaban a través de la blusa. Jessica tiene la piel blanca, hasta puedo suponer que desnuda debe relumbrar en medio de un cuarto oscuro, como esa propiedad fosforescente de un cuerpo tallado con gran deleite, y en la oscuridad poder seguir con la mirada fija en sus pechos redondos y bien formados mientras es deseada por mis manos… Esta mañana, como cosa rara, me dejó acercar un poco más, le tomé de la cintura y la acerqué a mí, solo para hablarle al oído, para apreciar su cercanía, ¡Dios! parece frágil, como si pudiese romperle el brazo con mi mano con solo apretarla, pero yo no podría, la piel y la carne se torna cálida y no puedo menos que acariciarla y contenerme para no besarla efusivamente, porque ya no tengo remedio, estoy enamorado.
Es cierto, Jessica no vendrá. Tampoco iré a la oficina. Pago mi café y salgo a la calle que ahora parece un rio, llego a la esquina y veo como el agua baja con fuerza. Por la otra calle bajaba más agua todavía y pienso en una canoa, mientras los dependientes de los almacenes se arman de escobas para sacar el agua. Sigo pensándola, estaba advertido, “no bajo si llueve”. Jessica debe estar arremolinándose bajo las cobijas en la casa de la tía, que parece un salón de SPA con la música relajante que mantienen todo el día, allá nadie chista por ello, allá todo el mundo se relaja (solo falta un olor a incienso o a marihuana, y relax!); en mi casa no pasa eso, hay música de todos los colores o el televisor en algún programa rutinario, los niños que gritan y lloran, en mi casa no se puede leer ni escribir, solo a altas horas de la noche, cuando hay más calma, cuando los ánimos se han calmado, cuando todos duermen.
Como no tengo escapatoria, subo a un bar y me siento a escribir mientras pasa el ímpetu de la lluvia. Me ha recibido la dueña, una muchacha simpática, le digo que no molesto y acepta que siga. El bar es acogedor, incluso con las sillas sobre las mesas y la mugre detrás de la escoba, no me importa y me siento a escribir. Mejor aquí que no en la oficina, ya no la soporto, mi labor ya terminó allí, y no puedo quedarme mirándole la cara a Marielita que es tan buena e ingenua, o a Francy, que aun sospecho me quiere retener hasta que ella termine el contrato. Ya debo dedicarme a otros asuntos, como a trabajar, por ejemplo, o a redactar mi informe. Para eso, debo sentarme en un sitio alejado de la oficina y alejado de Jessica. A este paso voy a escribir más sobre Jessica que sobre mi proyecto; escribo sobre Jessica, soy como un gran redactor empezando una larga historia: Jessica me mantiene absorbido, como un pirómano excitado viendo una conflagración, o como un perro observando unas deliciosas chuletas de cordero tras la vitrina de una carnicería. Dejar de pensar en Jessica es complicado, a menos que en las noches el ejercicio y la lectura me dejen extenuado para ir a la cama a dormir. En las noches se me aparece en sueños fosforescentes, yo mirándola a los ojos, entrando en ella, un hecho muy distinto a la realidad: en el sueño es maleable, atrapable, y parece disfrutar de lo que estamos haciendo, aparece con brazos largos y dispuesta a la entrega, a la comunión de los cuerpos; en esas noches cuando llueve y el techo comienza a marcar la caída de las gotas, Jessica entra en mi mente, se vuelve un sueño redentor y Jessica es Jessica sin noción del tiempo, sin afanes, ambos paseando por una calle que llueve, y sé que es mía porque está en mi sueño.
He pedido café y lo encuentro delicioso; aun hay un rio bajando por la calle, vuelvo al asiento y continuo. Esta tarde me propuse hacer algo distinto, es por eso que estoy aquí, estaba dispuesto a perder la tarde con Jessica haciéndola fatigar jugando tenis de mesa, poniéndola a prueba, retándola a que me rompa un ping pong en la cara, a que responda a mi servicio, jugándole de lado a lado de la mesa, hipnotizándola con el ping pong, forzándola a hacer gestos que alcanzo a ver en milisegundos mientras llega la pelotita a mi sector, pero los planes se torcieron. Ahora estoy en este bar, y me siento como en casa. Desde que llegué al bar han colocado videos de U2. Sale un video en concierto espectacular, suena con una fuerza volcánica, luego suena “Electrical Storm”, que en cuya letra evoca a los tiempos perdidos, a ese cielo que debe romperse e indicar el camino para volver al amor y solo al amor…You're in my mind, All of the time, I know that's not enough, If the sky can crack, There must be some way back, For love and only love…una canción suave que sube de tono como la espuma de una cerveza. ¡Carajo! Jessica debería estar aquí. Un hombre solo es media persona, y una mujer su complemento, como un eclipse. Jessica es muy mala, se roba el tiempo de los dos y se lo queda para ella sola. Sin embargo no la juzgo, a Jessica le puedo confiar todo aun con la seguridad de que si me parte el corazón no es porque sea tan mala y quiera hacerlo así, Jessica me hará daño es porque en el fondo es frágil e intenta salvaguardarse, y reacciona de tal forma que creyendo estar a solas con su hija todo estará a salvo.
¿Qué haré? Aun hay un rio bajando por la calle, y la luz ya es poca dentro del bar. Jessica no llegó, y creo que nunca llegará a la cita, así se presente un día soleado, con música alegre y ambiente de banderas, Jessica hace mucho es de ese carácter, se esconde para que nadie la pueda herir, y eso me causa una tristeza infinita. En un momento tendré que salir de este lugar que me ha adoptado, estoy cómodo como en una gran matriz que me brinda calor y hospitalidad, será como abandonar los brazos de una mujer fosforescente, o dejar de besar los labios dentro de un sueño febril. Saldré a la calle, al frio, a la lluvia, no hay escapatoria, sufriré un lapsus mientras aterrizo. Esta tarde estuve en Nueva York, en el borde de un rio, de gira por el mundo con U2, en un viaje al interior de mi mismo. Voy a salir, me perderé entre la gente, no hay escapatoria…


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