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 Asunto: Carta nº 123
NotaPublicado: 12 Ene 2012, 21:48 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
CARTA HASTA EL CIELO

Madrid, a 3 de mayo de 2005
Querida Raquel:

Decía una vieja canción: “No hay muerte en el mundo que consiga matar una historia de amor”. Hoy frente a tu lápida, vida mía, lo sé
Pero duele demasiado esta vida sin ti. Hiere demasiado el silencio en el hogar que un día fue nuestro cálido cobijo de este mundo de locos. Ahora que no te tengo a mi lado, tan sólo soy un torpe vagabundo que venera tu ausencia en el altar de los sueños rotos. Tu sonrisa cristalina aún tintinea en cada rincón de la casa, la cual sin ti es “una emboscada”, tal y como decía Sabina en la que más tarde convertimos en nuestra canción.
Me sorprendo estirando la mano cuando la penumbra me dibuja tu rostro. Hasta la misma oscuridad me sabe tan tuyo que ya nada poseo. Las gélidas sábanas, cada noche, anhelan entibiar tu cuerpo desnudo junto al mío.
A cada instante me desvanezco al recordar nuestros fatídicos últimos instantes. Aquella mañana te marchaste enfadada porque me había quedado durmiendo, como un imbécil. La noche anterior había tenido una noche de juerga, que solía tener con Fernando, Rafa y Tito, cada último viernes de mes. La resaca me impidió que tan siquiera pudiera abrir los ojos y verte por última vez. …¡Maldita sea!
Tan sólo sé que, entre sueños, te oí decir:
- ¡Otra vez llego tarde a trabajar! ¡Al final me echarán, por tu culpa! Cuando acepté este empleo, tú me prometiste…¡Joder!- Vociferabas mientras yo me giraba en la cama hacia el otro lado. “Ya habrá tiempo más tarde para pedirle perdón” Pensaba en mi interior, ebrio de egoísmo y de un sonoro martilleo en la cabeza. Un último portazo me devolvió de nuevo al sueño.
Una vez más no te iba a llevar en coche y te tocaba coger un tren que te llevara desde Aranjuez hasta Atocha, para llegar al céntrico hotel en el que trabajabas. Me comporté como un cretino porque, al sentirte mía, me dediqué a no cuidar de ti como merecías.
Las noticias de aquella mañana me dijeron que te había perdido para siempre… Que nunca más te volvería a ver… A través de la radio del coche muy pronto confirmaron tu nombre, cuando me dirigía hasta allí. Me detuve en el arcén de la M30 y pensé que debía de ser un error. ¡Mi niña no podía estar muerta! Reemprendí mi marcha y como un estúpido me dirigí hacia la estación mientras todo el mundo corría frenéticamente, tratando de encontrar a sus familiares.
De repente, se cundió el rumor de que en la puerta del Ministerio de Agricultura un policía iba a anunciar una lista de las primeras víctimas mortales. Corrí atropelladamente hasta allí, mientras mi corazón palpitaba frenético. Allí, entre aquella multitud, dijeron tu nombre. Me derrumbé como una estatua de sal, que el viento arrasa tras de sí. El averno de tu ausencia tan sólo acababa de comenzar.
Aún hoy me parece mentira todo lo sucedido… Pienso que te volveré a ver al girar una esquina…O quizás, un beso tuyo me despierte para siempre de esta pesadilla cruel…¡Si supieses cuánto me gustaría echar el tiempo hacia atrás! Ahora tú estarías aquí y yo sería el hombre más feliz del planeta… En lugar de este cretino que no merece vivir.
Cada rincón de la casa me habla de ti, cariño. Los retratos de nuestros viajes juntos, las cartas que me escribiste porque decías que así podías expresar mejor tus sentimientos hacia mí, mientras yo me dejaba arrastrar por la rutina sin valorar lo que tenía ante mí: a la persona más dulce y más buena que existía, entregándome todo su amor sin pedir nada a cambio ¡Qué estúpido fui! …

No sé si habrás podido perdonarme. Lo cierto es que yo no he podido hacerlo a mí mismo, así que supongo que tampoco merezco tu perdón. Tan sólo quiero que sepas que aquella gélida mañana , yo también fallecí, aunque no físicamente. Mi vida siempre fuiste tú y sin ti nada tiene sentido.

Aquí te dejo esta carta, junto con una dalia azul, que sé que son tus preferidas. Recuerdo que, cuando te las regalaba, te encantaba olerlas con tu diminuta nariz, simulando que no te veía, y luego sonreías coqueta. ¡Eres…! ¡Eras tan hermosa!...¡Por Dios! ¡Qué duro es hablar de ti en pasado!

Sólo me resta decirte que, allá donde estés, quiero que me lleves contigo cuanto antes, porque desde aquel once de marzo nada merece la pena.


Te amo, mi niña.
Siempre tuyo
TU MARIDO


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