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 Asunto: Carta nº 127
NotaPublicado: 12 Ene 2012, 21:50 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
¡Dios, cuanto te extraño!
Mi querido sueño, mi quimera, mi primer y gran amor. Porque cuando te conocí apenas tenías dieciséis años, demasiado cría, pero demasiado perfecta para mí. Éramos amigos, esos amigos que lo comparten todo, lo sabíamos todo el uno del otro, nos convertimos en inseparables. Tu hablabas por los codos, y yo te contemplaba mientras te escuchaba embelesado, ¡Dios, eras tan maravillosa!
Me enamoré de ti desde el primer momento, pero fui capaz de camuflar perfectamente mis sentimientos bajo la banderola de la amistad, de la verdadera amistad, porque fingía, yo te amaba, y cometí el estúpido error de decírtelo aquella tarde fatídica de aquel domingo en la que me declaré a ti, y tu muy sorprendida me intentaste consolar diciendo todo eso que dice para tratar de aminorar una decepción, pero algo se desgarró entre los dos, a mí el alma, a ti la sensación de sentirte implicada en un maridaje no perfecto, en el que tú eras el aceite y yo el agua. Y aunque lo intentaste no lograste aminorar el dolor que sentí, aquella tarde supe que no serías mía, y algo se rompió en mi interior, ¡Cuántas noches lloré desconsoladamente, tratando que mis padres no se enteraran!, en mi habitación, a oscuras, y con tu imagen grabada en mi mente de tal manera que hasta dolía, como si el buril quisiera no dejar ningún detalle de tu rostro sin tallar, creando surcos profundos para que no desaparecieras jamás
Y después ¡como sufrí el día que empezaste a salir con mi mejor amigo!, el era guapo, buena gente y yo también le apreciaba, aunque en esos momentos lo odié con todas las fuerzas que fui capaz. Aún ahora, después de tantos años, mis sentimientos hacía él ya no volvieron a ser los de antes, algo cambió definitivamente entre los dos.
Ayer te vi, como siempre, agarrada a él, y ya han pasado la friolera de treinta años, pero soy consciente que en mi interior se me revuelve hasta el hígado, y llego a la triste conclusión que algo me sigue atando a ti, no sé si es amor o el dolor del desamor, solo sé que tiemblo cuando me das los dos besos de rigor, cuando me sonríes y me gastas las bromitas olvidando los años que tenemos encima, como si por un segundo regresáramos a aquel tiempo, cuando entre los dos existía esa complicidad que ya se esfumó. Y sé que a veces reacciono desagradablemente, me comporto de un modo huraño, pretendo que sientas algo hacia mí, quiero que se te remuevan las entrañas, como a mí, y me da lo mismo que me odies, me detestes o me desprecies, es igual, porque en esos momentos busco provocar en ti algo que te haga mantenerme en tu mente durante cierto tiempo, no quiero que a los dos minutos ya te olvides de nuestro encuentro. Porque tú no lo sabes, ni lo intuyes tan siquiera, que eres mi obsesión, una obsesión que me sigue martirizando desde que te conocí.
Reconozco que hubo un tiempo en el que logré no pensar en ti, y fue cuando me case, entonces deposité tu imagen en un rincón de mi mente, y cerré la puerta con un candado, y guardé la llave en algún lugar que no quería recordar, y lo conseguí, y fui feliz, aunque cuando te veía de nuevo te añoraba, pero eran tan solo por breves momentos, ya no como antes.
Pero ahora, no sé que me ocurre, al verte de nuevo siento que te apoderas hasta de mi alma, y vuelves a recuperar el lugar que te correspondía, y ya no soy capaz de encerrarte, mi mente ya no posee esa fuerza, ¡será la edad!, cuando te veo siento que te quiero, que te deseo, te extraño, y me pregunto ¿Cómo puedo amarte de esta manera después de tantos años?, ¿Cómo puedo sentir esto que siento si nunca fuiste mía?, tan solo en esas noches en las que a veces sueño contigo, pero cuando despierto no estás a mi lado porque tú sigues con él, agarrada de su mano, como siempre. Tengo miedo a convertirme en un Satán al desear que ocurra algo para tener la oportunidad de acercarme a ti, libre, sin cargas, esta vez se que lo conseguiría porque me dejaría la piel en convencerte de mi amor, y tu cederías, y por fin sería feliz. O quizás puede que me esté convirtiendo en mi propio Satán, ese que me autodestruirá, que me llevará a los abismos oscuros de una noche sinfín, donde la luz de tu imagen ya no me llegará jamás.
Porque ahora estoy seguro que lo abandonaría todo por ti, me convertiría en un ser despreciable para el resto mundo, lo sé, nadie llegaría a entender jamás que se trata de un puro instinto de supervivencia, donde la razón ya no atiende a razones, donde ya se pierde el orgullo y hasta la dignidad para obtener a cambio unos momentos de felicidad que las circunstancias de la vida te han robado, ¿No tengo derecho?
Perdóname, pero esta carta nunca llegará a ti, se sumara a las muchas que ya te he escrito y tengo guardadas en un sitio donde nadie tiene acceso a ellas, las guardo tan solo por si en algún momento tuvieran que ser las fieles testigos de mi amor por ti. Porque aún tengo esperanzas, ¡pobre de mí!, aún creo que tu estas hecha para mí y solo para mí.
Yo te conocí antes que él, yo fui el primero.
Adiós mi adorado sueño, adiós mi quimera, adiós mi primer y gran amor.


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