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ACCESO A LO SECRETO Nunca te dije nada, bastante me costó el no hacerlo. Hubo épocas en las que decías que me caías mal, que no te quería. Nunca pensé que lo dijeras por coquetería u orgullo. Tuve claro en no pocas ocasiones que así pensabas en realidad. Cuánto te hubieras sorprendido de haber sabido cuán tentador estabas tan joven e inocente cuando jugamos un día a baloncesto y botabas el balón y tu tenue camiseta permitía adivinar tu pecho fortalecido por la lozanía y el deporte. Yo, me divertía y me encendía por dentro a partes iguales. Nunca me hiciste caso, aunque creo que alguna vez coqueteabas. Cuando enfermaste, yo estuve allí. Compartimos cama a ratos, en medio de risas, consuelos y sobre todo, la compañía que necesitaste. Tuviste varias parejas, hasta que te casaste e intentaste ser feliz. Jamás interpuse pasos en la rueda de tu felicidad, no traté de hacerte daño a ti ni a tus parejas por conseguirte; esa estrategia hubiese sido tan rastrera como inútil. Al contrario, me encariñé todo lo que me fue posible con tus novias, en mayor o menor medida, según lo que duraste con cada uno de ellos. He podido tocarte múltiples veces, me has besado castamente, te he anudado corbatas, te he puesto camisetas… hasta llegué a cortarte las uñas cuando no podías. Con el tiempo, y tras la enfermedad, me has ido dejando patente día a día el cariño que me profesas. Nos hemos dado amor constantemente pero nunca fue el amor de una pareja, la pasión, tu conquista. No me ha importado demasiado en la mayor parte del tiempo. Hoy, sólo te escribo unas líneas para decirte cuánto te he querido y cuánto te he deseado, sin amargura, quizás sí con melancolía. Te lo digo ya sin esperanza, sólo creo que te debía que supieras lo que sentía por ti. Tal vez sea egoísta, no te lo niego, pero así me he decidido a escribirte esta carta. Me marcho al extranjero a morir en paz, mi enfermedad es incurable. Tu hermano me acompañará, siempre le he querido, no creas; pero tú, por platónico o por morbo me has obsesionado. Pero he sabido controlarme. Me felicito por ello. Ahora sólo queda decirte adiós, no pienses demasiado en lo que te digo, es sólo la revelación de un secreto, de algo que ya nada ni nadie cambiará. Adiós.
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