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Enero y 2012, a oscuras M.: He pensado mil veces cómo comenzar a poner las palabras sobre el papel, decir, y no volver a llevarme de vuelta al silencio tanto… A veces, todavía duele el saber que la vida – el universo, el destino, dios, quién sabe- nos puso un mar de por medio, y solo una semana en el año para volver a mirarnos a los ojos y mentirnos: decir que todo está bien, que nada ha cambiado, que seguimos siendo los mismos. He sangrado lo suficiente como para saber que no es cierto. Tú has cambiado. Yo he cambiado. Hemos roto los pedazos. Sin recomponerlos nuevamente. Le hemos escupido los ojos al tiempo. Hemos hundido la última barca en la orilla más lejana del mundo. No hemos ido quedando ciegos, y ya hemos olvidado tantas cosas que ni recordamos el color de las playas. Nuestras fotos tienen el sabor de las cosas que se hunden. Nuestras palabras tienen el color de las naves imposibles. Pero seguimos fingiendo: nada ha cambiado, me dices con los ojos. Nada ha cambiado, te respondo yo, y el momento sigue distorsionándose con una voz tan antigua como el tiempo aquel en que todavía nos conocíamos. Demasiados diluvios. Demasiadas maneras de amar a otros. Demasiada desilusión, y las cartas lentísimas que nos han ido borrando las esperanzas como si fueran lluvia. Demasiado fango, y miedo, y ceguera. Demasiado de tantas cosas. Mi soledad. Tu soledad. Las tantas maneras de decirnos “te amo” desde la distancia. Todas inútiles, como la mordida de la niebla sobre nuestros cuerpos. Quizás fuera mejor rendirnos. Decir “es suficiente, ya nos hemos roto los sueños una y otra vez.” Pero tú eres orgulloso, no sabes esconder la cabeza. Pero yo soy orgullosa, no pienso perder. Y preferimos seguir mintiéndonos, una vez al año; preferimos tomarnos una foto marchita donde tienes un brazo sobre mis hombros y una sonrisa prestada, y yo te miro en una mueca imposible, sin pensar, sin olvidar, sangrando. Mil veces sangrando sobre el lente de la cámara. Eternamente. Lo cierto es que nunca he tenido el valor para decirte que todos los sueños se me han hecho una mancha de tinta sobre esta hoja. Será que, a pesar de todo, creo en los milagros, En ese milagro donde tú y yo volvemos a ser los mismos, donde le hemos robado la última orilla al tiempo, donde hemos sobrevivido a la distancia, donde tenemos una foto – nuestra foto tan soñada- en el medio de la arena: tu brazo sobre mi brazo, tu mano sobre mi manos, y nuestros ojos libres. Por primera vez, en tanto tiempo, libres para amar como antes. Nunca te olvido: ya lo sabes. Tu yo. 8 de enero del 2012
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