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Tus alas
Me pregunto si recuerdas que fue en un día como éste cuando comenzamos a ser novios después de ser amigos desde pequeños. Te conocía desde hace tanto tiempo, pero hasta el día en que cumpliste dieciséis años, ignorando a mi timidez, me animé a preguntarte si querías ser mi novia. Me respondiste “Sí”, ruborizándote un poco al tiempo que lo decías. A partir de ese preciso momento supe que, gracias a ti, mi vida iba cambiar para siempre en una forma radical. ¿Cómo no iba a ser así? Si de allí en adelante mi cielo se iba a pintar del mismo color de tus sueños de algodón, era señal inequívoca de que por primera vez la vida me tenía reservado algo muy bueno, a mí, un feo perdedor con buena fortuna. Sabes que no soy un adivino, pero esa vez le atiné perfectamente a mi vaticinio. Dios se apiadó de mí y me bendijo por varios años con tu existencia, mi ángel de corazón frágil, que me prestabas de vez en cuando tus brillantes alas para poderme proteger de los duros golpes de allá afuera. Yo, un simple mortal, te correspondía dejando cada día decenas de dulces besos sobre tu pálida piel, pensando que quizás así podría atesorar para siempre un poco de tu ternura en el rincón más frío de mi corazón, y poderla sacar para confortarme en las horas más gélidas Ahora me encuentro aquí, quizás como el más grande de los tontos, contándole cosas a una fría lápida de piedra que no pude escuchar mi voz, deseando de corazón que fueras tú la que estuvieras aquí a mi lado. La muerte se nos apareció en un día lluvioso, trayendo un recado que decía que ya era hora de que me dijeras adiós por un buen tiempo. Yo...hice todo lo que está en las manos de un simple hombre como yo para poderle robar a la vida un sólo segundo más para poderte sostener con fuerza en mis brazos y así salvarte de todo el dolor del mundo... cosa que no logré. Soltaste mi mano que habías estado sosteniendo con fuerza desde hace un rato, y me sonreíste una última vez antes de alejarte para siempre de este mundo. Y sí, me dejaste aquí, estrellándome de un golpe seco contra el pavimento, después de llevarte con tu partida esas alas de amor que me hicieron sentir que podría volar junto contigo a un lugar mejor, hecho para nosotros dos. Pero, ¿sabes? El tiempo me ha dado la sabiduría para dejarte ir de mi lado por un tiempo, hasta que en la eternidad pueda ver la belleza de tu hermoso rostro dándome la bienvenida al paraíso, después de pasar por la oscuridad de una noche casi eterna. Con mucho amor, en un día especial, tu novio de siempre, el que cuenta las horas que faltan para volvernos a ver.
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