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Espero que de alguna forma, esta carta pueda llegar hasta ti. No sé si podrás leerla en ese mundo extraño, quizá, si grito con mi voz contra el viento, su silbido pueda hacerte llegar lo que siento mientras acaricia tu cabello, y te susurre al oído mis palabras desesperadas. No hay un minuto en que no piense en todo lo que te he quitado, como un vulgar usurpador de la belleza, te convertí en recuerdo, y aquí en la soledad de mi celda, sólo pienso en volver el tiempo atrás y traerte a mi lado. Los días pasan lento en el claustro y desesperadamente espero las noches, miro el firmamento y te veo dibujada en cada una de las estrellas que intermitentemente guiñan sus ojos luminosos. Tú eres cada una de ellas y tu hogar son las constelaciones. Hay algo más poderoso que esa palabra que algunos llaman amor, es un sentir blasfemo y eterno que me hace desear que regreses a mi lado, sea cual sea la nueva forma que hayas adquirido allá en tu tierra desolada. Nunca pude decirte frente a frente lo que sentía, siempre he sido un cobarde, y el miedo a tu rechazo, me obligó a desearte en silencio, a morder mi lengua y sepultar los frenéticos pálpitos de mi corazón. Entonces, algo comenzó a nacer en mí, algo enfermo que se deformó hasta arrastrarte lejos a un reino de huesos y hielo. Esta tarde, es la última oportunidad que tengo de expresar lo que siento por ti, el deseo y la necesidad lo trastornaron todo. Sólo quería besarte sin sentir tu aborrecimiento, posar mis labios carcomidos y horribles junto a los tuyos. Deseaba robarte ese beso y marcharme para vivir día a día con aquél recuerdo almacenado en mi memoria. Lo siento, no debí haberme acercado de ese modo. Robé tu beso. Mientras lo hacía observe mi imagen reflejada en tus ojos… entonces lo comprendí, para ti yo era una cosa horrenda que no merecía amor. Sentí tu asco y aquello no me importó. Tuve tu beso, y volví a tenerlo cuando dejaste de respirar, asfixiada por mis manos huesudas y amorfas. Esta carta, mi último deseo, es la apología de un demonio que aprendió a amarte en silencio, y te sigue amando más allá de las fronteras del tiempo. Espero que vengan por mí, solo queda una hora, una inyección terminará con mi fealdad y arrancará el mal de mi cuerpo y cuando haya descendido al infierno, escaparé para buscarte en tu mundo, te reconoceré entre los ángeles, por primera vez estaremos juntos, ya no sentirás asco, pienso que me perdonarás y quizá llegue a gustarte un poco. Entonces podre gritar tu nombre, rechazando a Dios a Satán, a todo en lo que creí, te convertirás en mi nueva Diosa, y sentados en algún lugar más allá del tiempo y del espacio, contemplaremos este mundo de apariencias y reiremos a carcajadas, mientras nos fundimos en un beso eterno.
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