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En esta tarde lluviosa, veo las gotas de lluvia correr como lágrimas en el cristal de mi ventana y siento deseos de escribirte, de volcar en esta carta todos mis sentimientos de hombre ciegamente enamorado. Aún antes de conocerte te amaba. Te imaginaba tal como sos. Dulce, enamorada, tierna y con un halo de luz cubriendo tú figura. Y te encontré en una tarde de primavera en esa plaza frente a la fuente y mi vida se llenó de luz. Descubrimos caminos nuevos, lugares y palabras diferentes. Las estrellas, las plantas y los pájaros nos veían pasar tomados de la mano, alegres, felices con un mundo para estrenar. Tenía todo teniéndote a ti. Pero una noche, no importa de quién fue la culpa, te fuiste y mi alma se quebró. Todo fue una triste oscuridad, que solo entendería aquel que lo dio todo por amor. Y me rodeó la más negra soledad por aquel amor perdido. Luego te escribí aquellos versos que dejo traslucir todos mis sentimientos y que hoy recuerdo palabra por palabra:
Cuando el silencio es más grande que el amor, Cuando la indiferencia es mayor que la ternura, Cuando el olvido es superior que mi deseo, Solo me queda repetirte en silencio y a los gritos, Que te quiero, te extraño y te deseo
Pasó el tiempo que todo lo cura y cierra todas las heridas. Y en otra tarde de primavera, volví a encontrarte, estabas más hermosa que nunca, y mi amor que no había muerto, volvió con todas sus fuerzas. Y volvimos a caminar y yo a repetirte que por estar a tu lado, cruzaría océanos cargados de peligros, escalaría altas montañas y nadaría en ríos peligrosos para demostrarte que nada ni nadie podría separarme de vos, que enfrentaría todo por verte, por estar a tu lado, por acariciar tus cabellos, por ver una vez más tu sonrisa que llena mi alma de felicidad. Nada me detendrá. Hasta pronto mi amor. P.D: ¡¡¡ Ah, me olvidaba, si mañana llueve no voy. !!!
Henry W.
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