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A ti
Hay gente para todo, gente para el deporte, para la música,… y gente para el amor. Yo era de los que pensaban que no servía para amar y ser amado hasta que te conocí. Lucías sexy como pocas aquel día, no fue amor lo que sentí, quizás capricho, necesidad, deseo. Siempre he sido torpe, muy torpe a veces, en pocos momentos de mi vida he destacado por mi habilidad. Doy gracias a ello, pues considero que es debido a mi torpeza por lo que tropecé contigo varias veces por la calle, coincidencia, destino, llámalo como quieras, como te plazca. Si te hubiera pedido el móvil cuando nos presentaron, si hubiese ido detrás de ti, quizás no hubiésemos estado juntos; y si no lo hice fue por una única y sencilla razón: no estabas a mi alcance, o al menos eso creía. Rubia, ojos verdes, cuerpo voluptuoso y agradable a la hora de conversar, simpática y graciosa, humilde. ¿Qué podía hacer yo con una mujer así? Si te escribo esta carta es porque ahora que estás lejos, me doy cuenta de lo muchísimo que te echo de menos. ¿Quién hubiera apostado por mí? Nadie, solo tú. Lo hiciste, me diste un voto de confianza. Nunca llegué a saber si te gustaba algo o simplemente te hacía gracia. Tú me traías loco. A medida que se sucedían nuestras citas yo dormía menos, comía menos y pensaba más y más en ti. Mientras te imagino tranquila, indiferente a todo, siendo tú misma. Estar a tu lado fue como viajar en el disfrute continuo. Todo lo alegrabas, todo salpicabas de belleza, color y fuerza. Fuiste tú la que vino a buscarme, quien me ató a su vida, yo habría muerto y matado por ti. Tú sin embargo…, tus ojos, tu boca, tus piernas, da igual… Es ahora cuando me arrepiento de no haber sabido dar la cara, de no haberme atrevido contigo. ¿Por qué? ¿Quién sabe? Quizás el haber sido tu chófer, haber trabajado para ti, me condicionó a pensar que tú no sentías lo mismo por mi, que a lo mejor solo me querías para eso, de chófer. Pero me caiga un rayo si no he pensado cientos de veces que también te gustaba, y arrepentido estoy de no haber sabido de que manera demostrarte mi amor, aún a sabiendas de que podía no ser correspondido.
Te ama, el hombre que conduce.
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