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Amada mía, tuyas son estas palabras: Escribo esta carta cuyo fin espero que se cumpla, no atesoro otra esperanza que no sea hacer que tu vello se vuelva en punta. Hay tantas cosas que deseo decirte, tanto es el deseo irreparable que has causado en mí que hace tiempo perdí la cordura, hace tiempo que te hiciste con mi corazón. Amar te destroza, es un estado tan bello como peligroso, tan alterante que provoca no pensar en otra cosa que no sea besar tu boca. El amor dicen que no entiende de tiempo, que perdona y que es condescendiente, que no pide nada a cambio. Mienten como bellacos sin duda. Quien entienda la pasión existente entre dos personas sabe que el perdón no es posible, es superable. Por ello es tan peligroso, porque no tiene barreras. Y eso es lo que siento cuando te veo, que no hay barreras, que nada importa. El amor es caprichoso y por ello caro, no entiende de situaciones, no le importan motivos, exige luchar por lo que se anhela, repudia el miedo, las dudas, solo entiende el deseo. Haces que me encuentre confundido, te vuelves el centro de mi vida, ocupas poco a poco mi corazón, sin pretenderlo y en ocasiones sin saberlo. Quisiera estar contigo, pero solo si me amases, porque este sentimiento si no es recíproco no es más que un triste engaño. Por este motivo, ruego que cuando leas estas palabras entiendas que el día en que te cuente mi relato será porque esperé el tiempo adecuado. Que la tierra tiemble y el sol desaparezca tras nubes de rayos, que el viento ruja cual huracán enardecido. Que aunque el tiempo se parara otra vez en mi alma y dejara de latirme el pecho, no habrá nada más sincero que pueda pronunciar mi boca que un te quiero. Por ti muchacha de inquietudes, de dulce sensatez innata he escrito esta carta. Si consigue hacer en ti un hueco, sabrás que no son mis palabras las que te disuaden de hacerlo. Eres tú, que en el fondo sabes que también me amas. Con esto celebro el apego de un estado tan confuso, en este mundo cruel y armado, tácito y dantesco, no existe cosa más poderosa que un amor ciego. Dedicado a la sonrisa de la vida.
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