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Querido amigo Jesús: Te envío esta misiva de amor, rosa perfumada por tu esencia de amor inconmensurable, Como no agradecer tu manantial límpido que fluye incesantemente de tu presencia que se presenta en el amanecer y anochecer de mi existencia, estás siempre presente en la oración de la vida cotidiana, en el canto de las aves, en el silencio del velo de la noche en que los ojos se cierran como ventanas a la oscuridad de los sueños, tú no duermes, eres la luz que no extingue la llama de su amor. Centinela que cuida mis pasos por los senderos pedregosos, yermos y fecundos, dejas que florezcan mis rosas en el jardín de la existencia, aniquilas las espinas del egoísmo y de mis rebeliones, infundes bríos a mi debilidad, eres la fuerza del océano misterioso de mi vida y de los escépticos, Que niegan tu existencia, todo lo soy y lo que seré en la eternidad de tu morada, es la omnipresencia, de todo lo devela la verdad de tu acto oblativo de entrega en la cruz. Tu disposición de cumplir la voluntad de Dios padre, es el acto más sublime de poesía de redención, en tus cardenales cruentos no sólo manaba la sangre de tu sacrificio, sino la fuente de agua diáfana de la pureza de tu alma divina, tu muerte no es derrota es el triunfo del amor por la humanidad, mis cruces son pequeñas sombras ante la magnitud de tu padecimiento de sentir el desprecio de los que amaste y su traición, la soledad de la noche sin estrellas de comprensión. Amado amigo, sé que no merezco tu misericordia, soy una creatura débil que se hace fuerte cuando invoco tu presencia, tu eres el remo de la barca de mi vida que me conduce por el mar infinito de tu caridad, eres la brisa suave que llega con el hálito de tu vida, eres la roca petrificada en que irrumpen las tempestades de mis rebeliones existenciales, tu amilanas los azotes de las olas altivas de mis avatares y tribulaciones por las fases de estaciones de luces y sombras de mis caminos por la vida. Aquí, estoy con el otoño de mis hojas doradas, caen copiosas lágrimas de mi árbol ya cercano a la senectud, estoy desnuda de atavíos primaverales, me cubro con el manto de tu calor, mi primavera eres tú, amigo que hace que mis rosas no se marchiten con el paso inexorable del tiempo, eres la mocedad que trae ímpetus de energía vital , cuando imploro en el silencio excelso de la oración que escuches lo que calla mi corazón contrito por el dolor de la injusticia. Baluarte en que me protejo de los que buscan mi aniquilación o derrota, yo no soy la que venzo, sin ti no podría contra la malignidad de los que se creen poderosos y sólo son mínimos astros obnubilados por sus pasiones y ambiciones limitadas, no saben , que tú eres la única puerta que conduce a la libertad eterna. Mis puertas y ventanas de mi alma se abren en homenaje a tu magnanimidad divina, mis pétalos caen de mi otoño en que estoy viviendo, sin embargo tú traes la primavera lozana de rosas que perfuman el libro escrito de mi existencia, todo podrá culminar menos tu esencia que vive en todas las obras del hacedor del don de la vida, el máximo artista que bosquejo el universo en siete días con el pincel del amor. Gracias, por la vida, que me diste, don gratuito que no pide más que mi canto de agradecimiento y siempre espera que me aproxime con mis anhelos, temores, omisiones y actos de bondad a la hoguera de tu misericordia que es el abrazo que abrasa lo gélido y despierta lo humano que vive, en lo esencial que es invisible a los ojos y sólo visible al corazón sagrado de mi mejor amigo Jesús. Deseo que recibas mi carta, y la abras con la llave del jardín de flores inmarcesibles y que tus rosas sin espinas vivan en mí , hasta el final de este viaje , cuando me duerma anhelo que tus brazos me acojan y sentir que sumerjo en ti para despertar en tu presencia y ver tu faz sonriente. Soy, toda tuya, te amo con mis debilidades y fortalezas, lee mi carta , y descifra el ritmo de mis palabras que emergieron de lo más recóndito de mis sentimientos. No me despido , tú siempre estás presente, aunque mis lágrimas me impidan ver tus estrellas , tu vives en mí ,adosado en mis raíces en el árbol frondoso que crece en tu jardín.
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