Identificarse | Registrarse


Todos los horarios son UTC + 1 hora [ DST ]


Fecha actual 29 Oct 2026, 09:18




Nuevo tema Responder al tema  [ 1 mensaje ] 
Autor Mensaje
 Asunto: Carta nº 273
NotaPublicado: 27 Ene 2012, 20:33 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Gabrielita,
Bueno ¿Qué decirte?, Primero me gustaría dejarte una serie de adjetivos que personifican sentimientos, emociones y sensaciones que se han clavado en mi consciencia y espíritu desde tu llegada, hasta tu partida -ellos son-: sorpresa, esperanza, alegría, entusiasmo, entretenimiento, ternura, amor, entendimiento, comodidad, naturalidad, ilusión, optimismo, seguridad, melancolía, nostalgia, tristeza, vacío.
Comienza con adjetivos positivos, bellos, chisporroteantes y frescos y culmina con algunos que se coquetean más con las penas y pesares del alma que con la tranquilidad de la dicha. Pero ya sabemos como es, muchas veces lo bueno dura poco y realmente, como dice Borges (mientras has estado aquí y aún cuando te has marchado): “Estar contigo o no estar contigo fue y será la medida de mi tiempo”. Creo que la prueba más flagrante de que te estoy hablando enserio es que no puedo dejar de repasar con mi mirada la foto que nos hemos sacado. Obviamente que cuando la observo me detengo en tu rostro, tu boca, tus cabellos (¡qué bien hueles!), tus brazos y tus manos, no pierdo ni un segundo en contemplar mi faz, pero te aviso, que si me miro, es solo para ver mi felicidad. ¡Sí! ¡Has salido perfecta en la foto de mi elemental celular!, y agradezco haber intuido tomarla, porque sino ¿Qué prueba material –además de nuestros pensamientos- hubiese quedado luego de ese bonito, espléndido y radiante primer encuentro?
Tu venida ha sido completísima en cuanto a condimentos novelescos y hasta se podría escribir un breve pero intenso relato de cómo dos personas de diferentes nacionalidades y costumbres se encuentran y se apuran a quererse y a decirse cosas bonitas antes de que el tiempo los termine de oprimir y expulsar a cada uno a sus respectivas realidades cartográficas, en diferentes puntos, delimitaciones y espacios territoriales (prometo que si logro convertirme en escribidor la escribiré). ¿No has pensado en que el culpable de que muchos amores y sueños no se realicen es el tiempo, con su tenacidad, velocidad y porfía? ¿No podríamos haber extendido un poco más nuestros encuentros si ambos hubiésemos tenido la posibilidad de disponer con mayor libertad de nuestro tiempo? Creo que sí, pero aunque nos revelemos o intentemos escapar, nada podremos lograr ante esa unidad de medida que todo lo regula. De todos modos no interesa: hay una cosa-entre muchas- que no vuelve más y es, “una ocasión desaprovechada”. Nosotros dimos en el blanco, y no la desaprovechamos, por lo contrario, cruzamos las manos (¡empanaditas!), conversamos, reímos, nos asustamos, y nos besamos ¿en la segunda cita? Si bien tendremos que adherir con disgusto a la pícara e indeseable atmósfera de la despedida, no tendremos que reprocharnos que desperdiciáramos una oportunidad.
Paso a describir lo bello de nuestro encuentro: el viaje en motocicleta del campo a la ciudad emana una hermosísima postal; por primera vez juntitos, avanzando, contemplando un crepúsculo de cielo azul plomizo y de un sol anaranjado que huía del mundo escondiéndose en el horizonte, autos pasando indiferentes a toda velocidad, llanuras verdes y amarillas silenciosas, casi cómplices. Como te lo confesé en la intimidad: sentir tus manos dubitativas y asustadizas en mi cintura, tu carita que se escondía del frío y quizás del susto, me hizo sentir que estaba en pareja desde años, enamorado como adolescente, viajando por el tiempo, a veces rápido, a veces más despacio.
Ese viaje, y obviamente esa agradable tarde fueron el prurito de mis suplicios: me la pasé toda la noche pensado, rezando y pidiendo que fuerzas desconocidas conjuren para que el amor nos fleche de una buena vez y al fin tener un rato a solas contigo. Y misteriosamente así fue, ahí estabas, en la noche: a tono, graciosa, amistosa, quizás con unas copitas que exaltaban de forma espectacular todas tus virtudes, la perfecta y poderosa musicalidad de tu voz, todos tus movimientos. ¡Porque sí!, déjame confesarte que podría pasar infinitas horas escuchándote hablar, seguramente tú no lo notas, porque el tono, el dialecto y la jerga que tienes ya es propio, y lo tienes perfectamente interiorizado, pero para mí ha sido una fresca e innovadora experiencia conversar con alguien con esa espectacular sonoridad y dulzura en su lenguaje. Te comenté -en una oportunidad- que en nuestra ciudad a las gentes no les gusta mostrarse en pareja, bailando en la pista, y demostrándose filiación (me incluyo en esta costumbre). Pero estando contigo, ese supuesto se desmoronó con brutal virulencia. Me importó un bledo que nos miraran, secretearan y sojuzgaran cuando hablábamos y bailábamos: ahí estábamos, sin importar que haya miradas inquisitoriales, burlonas, de chismerío bajo. Me bastaba con verte sonreír, curiosa en aprender algunos pasitos, y diciéndome que no a mis ofrecimientos de bebida- cobarde estrategia que busca la desinhibición-. Y después-al finalizar las horas de la discoteca- el frío, las manos y los antebrazos dándose calor, mi obstinada postura de querer besarte y tu admirable y respetable ley de no besar en la primera cita. ¡Vales oro por tus convicciones!
Déjame resumir brevemente el último encuentro –lugar consentido donde se firmó el contrato-. ¡Sí!, cuando te di el primer beso estaba nervioso, temblaba, te lo negué tímidamente cuando me lo preguntaste. La charla había sido buenísima, con brevísimos lapsos de silencio, en los cuales nos mirábamos de manera cómplice y sonreíamos tímidamente. Soy infinitamente tímido en la intimidad (parece un trabalenguas), me cuesta mirar a los ojos a las personas. Mirarte a ti fue perfecto. Me animé, vencí algunos de mis demonios. Pero realmente ahí, en esos ojos castaños y llenos de vitalidad encontré sosiego. Buscaba excusas, ¡quería besarte!, acudir a ese lenguaje espiritual: ¡En un beso sabrás todo lo que he callado!, pensaba. Pensé: aunque el primer beso, nos lo dimos con los ojos. Pienso: El más difícil no es el primer beso, sino el último.
Noche de besos adictivos, -no puedo dejar de besarte-, nos decíamos. Confesiones de amor, historia novelesca: pero de esas sin héroes épicos con facultades sobre naturales, simplemente dos personas que se encuentran -¿Por fuerzas de la naturaleza? ¿Del mismísimo porvenir? – y viven utopías irrealizables y sueñan con nuevos encontronazos, paseos. Amantes que se reúnen para escribir una nueva historia, para que la realidad real sea más soportable a través de un apurado viaje ficcional. Y todo, realmente todo, bello, equilibrado, de una sensatez grandísima, sin peleas, reproches y bravatas. ¿Cómo serás cuando te enojas?, te pregunté, ¿Bravísima?, -no-, me respondiste.
Aunque sea una huachafería: el amor no tiene fronteras y siempre te estaré esperando.


Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en TuentiCompartir en MySpaceCompartir en Google+
Arriba
 Desconectado Perfil  
 
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 1 mensaje ] 

Todos los horarios son UTC + 1 hora [ DST ]


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado


No puedes abrir nuevos temas en este Foro
No puedes responder a temas en este Foro
No puedes editar tus mensajes en este Foro
No puedes borrar tus mensajes en este Foro
No puedes enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  
cron