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Querido Saturio: ¿Tú no habías dejado de fumar? Perdona la banalidad de mis palabras en este comienzo, pero a todos se nos olvidan cosas, las dejamos escapar entre los barrotes de una cárcel de oro, a veces ni eso….. En la frialdad de esta noche, yo intento mantenerte y pienso que nunca fuiste egoísta, es más, te has mostrado siempre tan desprendido, que hoy por hoy no imaginas nada como tuyo, ni siquiera a mí, que he sido tuya sin que me lo pidieras. Escucho a diario el deterioro que los años y la monotonía inyectan en las parejas, pero yo, a diferencia de ti, sí soy egoísta. No pienso cada noche en otras relaciones, no me consuela saber que mis vecinos leen el periódico mientras desayunan y ocultan tras él sus decepciones. Hay muchas clases de soledades (como diría Machado) ¿Recuerdas nuestro viaje a Soria? Tú me has regalado en los últimos tiempos ramos de flores sin olor, joyas acariciadas sin valor y la soledad más absoluta en un salón, que ya no me resulta acogedor. ¡Claro que nos necesitamos! Hemos tendido puentes y estrechado lazos fuertes en los comienzos, pero es una necesidad vieja, redundante como el hábito de fumar que ninguno hemos podido dejar; no obstante, abandonaríamos ese vicio por algo realmente importante ¿verdad? Tengo la convicción de que nuestras vidas son ya irreversiblemente paralelas por vocación de ambos. Nos hemos acostumbrado a no detenernos en los cruces para cedernos los afectos. Ansío la luz, pero si no me la puedes ofrecer, seguiré observando cómo el humo de mis cigarrillos se escapa por el balcón para convertirse en nada. Quizás hablemos, no sé…..mañana es muy pronto para mí, porque esta noche, ahora en este instante, es demasiado tarde y no siento tu aliento en mi cuello. Estoy sola. ¡Atrévete a llorar junto a mis lágrimas, muéstrame la ternura que una vez me enamoró! Seguramente en ese caso, serás mi complemento para siempre en las horas vacías. Mis besos te buscan en la barra de un bar…
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