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 Asunto: Carta nº 334
NotaPublicado: 28 Ene 2012, 22:14 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Mi amada chica sin nombre:
Sé que nunca recibirás esta carta, tal y como nunca sabré que mi corazón es para ti más que una mirada perdida en un océano de sonrojos escondidos en la sombra de un paseo por la calle, pero aún así no puedo evitar pensarte e intentar decirte en ella todas las palabras que a tus ojos nunca me he atrevido a confesarle.
Si he de serte sincero, y hoy en verdad quiero serlo, no recuerdo la primera vez que te vi, ni la primera vez que tus pasos se enfrentaron a los míos para decirnos desde el principio que nunca estaríamos juntos. Es verdad, no lo recuerdo, pero sé que cada uno de nuestros sonrojos han surgido por un algo que, aunque quizás nunca entendamos, siempre nos acompañará mientras nuestros caminos corran lejos de las sonrisas que nos dábamos y que el tiempo, sin corazón, nos ha robado y arrebatado. Y aquí ya he dejado de serlo, sincero, digo, porque lo que nos ha borrado la esperanza de la frente no está más allá de lo que pude hacer ni del valor de quererte, pues fueron mi cobardía y mis oscuros sin alma miedos. Miedo a atreverme a mirarte, a decirte mientras tus ojos todavía me observaban que te quiero. Sin misterios. Sin apartar la cara a tus ojos de verde y de cielo, de roble, de castaño y de infinitos matices de infierno. El de no poder tenerte, el de no ser capaz de quererte por no tener valor a abordarte y decirte con una sonrisa que la única luz que me guía es saber que volveré a encontrarte. Sé que habrías sonreído. Sé que lo harías si esta carta que nunca leerás leyeses. Y sé que este mi único deseo se pierde en la inconstancia de mi corazón, que no puede dejar de temerte, de pensar que no me quieres, aunque tus ojos sé que no mienten cuando mirándome allí, a lo lejos mientras lo sientes, me dicen que no quieres olvidarme, y que quieres conocerme, y que quieres dejar de inventarme, tal y como yo te invento, en lugar de crear un mundo en que ambos nos hagamos felices, sin reparos ni fronteras, mutuamente.
Y aún así es bonito quererte. Al menos era bonito quererte. Sonreírte sin palabras con miradas prendidas de fuegos que arden sin llamas sobre océanos de pasión atada bajo mantos de distancias que no fuimos capaces de cruzar para tenernos. No sabes cuánto lo siento. No tengo perdones para hacerte saber que cada instante que perdimos solo duele más que el saber que de habernos conocido nuestra vida sería distinta, deslumbrante, y ante todo muy muy linda, como la belleza que dejas ver cada vez que hacia mí te giras. Y me miras. Y me hechizas. Y me llevas a lugares donde solo estamos tú y yo, no tan lejos, solo solos, sin quererlo, sin poder querer no querernos, queriéndonos sin querernos mientras queremos querernos queriendo.
Y es que quiero que esta carta sea el te quiero. Todos los que no te dije, todos los que se quedaron mirándonos entre infinitos que nunca pudimos ni supimos cruzar.
No sabes cuánto lo siento. Te diría 'lo siento' mil veces, pero prefiero decir que te siento. En cada mañana de invierno, en cada calor de verano, primavera de sonrisas entre otoños de recuerdos, te recuerdo. Y aún te siento. Eres más que un latido en el corazón, más que una sonrisa que te deja sin estómago, habla y sentido. Eres palabras que se esconden en armarios plagados de las memorias que nunca escribimos con nuestro amor, que ni nació ni nunca fue, ni nunca va a poder ser, caduco ni perecedero. No caerán hojas de él para dejarlo cual árbol reducido a ramas, tronco y grises huesos. No lo harán, ni por ti, ni por mí, ni por todo lo que no tuvimos. Ese corazón seguirá intacto, sin poder latir por lo nuestro, porque yo sé que hubo nuestro, aunque solo las miradas pudieran decirnos mejor que las promesas que de veras nuestro amor fue verdadero.
Y es que tuvo que ser cierto. Entre risas, entre libros, entre cartas sin matasellos, sé que tuvo que ser cierto, sé que acierto, y que en cierto modo verlo puedes, más allá de la distancia, de los metros y los 'lejos'. Y cómo te extraño. Y cuánto es lo que te echo de menos. Y cuántas son las sonrisas, las tardes entre abedules y los domingos que se han perdido por no atreverme a un 'te quiero'. A un 'no vayas', a un 'sé que sientes lo mismo' o a un simple 'Hola, ¿cómo estás?' que solo fuera el primero entre un millón de amaneceres cubiertos de risas y besos.
A veces pienso qué es lo que hecho. Por qué no lo he hecho. No lo lloro nunca: sé que las únicas lágrimas que nos hemos merecido son las de felicidad por ver que lo conseguimos y que por fin nos tenemos el uno al otro. Esas que nunca saldrán y que merecen más que silencios.
Ahora que brillas lejos ya no puedo ver tu azul cielo. Sé que lo compartimos, que vivimos bajo él y que bajo él juntos o no nos moriremos. Yo ahora solo me muero de amor, de mensajes que nunca mandamos diciendo 'a las nueve cenamos' y del frío de una almohada que me repite que sin ti en la cama me siento pequeño. Ayer le prometí que la cambiaría, ella me dijo que ojalá yo pudiera hacer lo mismo contigo. Yo le dije que eras insustituible, y ella me dijo que lo sabía por mis sueños. Esos en los que vuelas y en los que me dices que estás conmigo en cada sonrisa que dedico al mundo. Esos en los que te abrazo y siento que vale la pena seguir en él aunque tú no estés. Esos sueños por los que vivo, aunque al despertarme de cada uno de ellos sepa que solo eres eso: un sueño entre sonrisas de ángel, entre miradas que nunca ocurrieron, entre paseos de amor desterrados que con la mirada perdida nos dijeron adiós, una y mil veces, sin poder llorar por algo que nunca fue. Sin poder morir por algo que nunca vivió por nosotros.
Mi amada chica sin nombre, en esta carta se esconde un deseo. Deseo de que todo cambie, de poder volver a mirarte, de que todo aquello que tuvimos sin saberlo vuelva contigo a mi lado, para poder tener la oportunidad de decirte que cuando llegues nunca podremos decirnos adiós. Porque no existirá más adiós que el que le diré a mis miedos, a mis temores sin fundamento, para dar la bienvenida a nuestros días de sol entre nubes de lluvia e invierno, de sonrisas sin sentido que den sentido a nuestra vida para poder cubrirla luego de largos y sentidos besos cubiertos de sentimientos. Del sentimiento. Porque lo único que hoy siento es que siento que te quiero. Que te quiero. Y que te quiero.
Por favor, no me eches de menos. Yo siempre estaré a tu lado. Tú siempre estarás conmigo. Juntos seremos amados. Juntos lo haremos eterno.
Juntos por siempre estaremos, y juntos seremos te quiero.


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