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Carta nº 384
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Autor:  Concurso [ 29 Ene 2012, 20:08 ]
Asunto:  Carta nº 384

14 de Septiembre de 2001
Mi querido Tristán:
Te veo demasiado triste desde que me he ido. En primer lugar, quiero que sepas que tú no tienes la culpa de nada de lo que ocurrió el otro día. Hay miles de aviones todos los días surcando los cielos de Nueva York. Yo sólo tuve mala suerte.
¿Sabes? Antes de que todo sucediera, estaba mirando por la ventanilla mientras pensaba en ti. En realidad solo eran nubes, pero me recordaron el día que estuvimos paseando por el parque y nos tumbamos en la hierba para mirar el cielo. ¿Te acuerdas de lo que me dijiste? Yo sí. Me contaste que te gustaría mucho subirte a una nube blanca y esponjosa como el algodón y saltar sobre ella para alcanzar las estrellas y regalarme una. Cuando me reí, me sonreíste y me preguntaste si realmente no te veía capaz de hacerlo.
-¿Me tomas por un cobarde?- Fueron tus palabras exactas.
-No, Tristan.. No te tomo por un cobarde. Te tomo por un soñador- te respondí
Ladeaste la cabeza y arrugaste la nariz.
Al día siguiente, me vendaste los ojos para entrar en mi habitación. Pensé que te habías vuelto loco… Pero ese pensamiento se desvaneció cuando me quitaste la venda y el techo estaba cubierto de pequeñas pegatinas de estrellas que brillaban en la oscuridad. Oh… fue tan hermoso…
Pero lo mejor de aquella tarde fue cuando me giré hacia ti y me mirabas con tus ojos verdes, brillantes bajo el resplandor de mis estrellas. Sujetaste mis mejillas entre tus manos y te fuiste inclinando hacia mí lentamente.
Sentía tu respiración tan cerca…
Entonces tus labios se posaron sobre los míos tan dulcemente como lo haría una pluma al resbalar sobre el agua de un estanque.
Hasta ese día, jamás me había sentido tan viva, Tristán. A partir de ese momento, me di cuenta realmente de que tu amor era lo que me impulsaba a seguir adelante. Tus miradas, la única condición que ponía a la vida para ser feliz. Tus palabras, tesoros que guardaba bajo la almohada deseando soñar con ellos. Y tus besos… Tus besos me daban el aliento que necesitaba para respirar. Eran como susurros del viento que recitaba en mis oídos versos de amor.
Cuánto lo echo de menos… ¿Te acuerdas del día que empezó a nevar cuando salimos de clase? Me cogiste de la mano y me llevaste entre los árboles del parque. Encontraste un sitio precioso en el que las ramas estaban cubiertas de hielo y resplandecían con la débil luz de sol que se dejaba ver por entre las nubes. Empezaste a girar sobre ti mismo con los ojos cerrados y la barbilla apuntando al cielo mientras extendías los brazos, dejando que las oscuras mangas de tu abrigo se llenasen de pequeños copos de nieve.
-¿Quieres jugar?- me preguntaste. Y sin esperar mi respuesta, empezaste a perseguirme por el parque. Me cogiste por la cintura para levantarme por los aires como si estuviésemos bailando… Y luego nos caímos los dos al suelo… Así descubrimos que la nieve está mucho más fría cuando te sientas sobre ella que cuando la coges con las manos.
Luego fuimos a la chocolatería que hay cerca del embarcadero. Nos sentamos en nuestra mesa favorita: la de la esquina cuya ventana tiene vistas al río. Pedimos dos chocolates calientes a la camarera de mejillas sonrosadas, y mientras esperábamos, metiste la mano en tu bolsillo y sacaste un saquito de terciopelo rojo. Dentro, había una pulsera de plata preciosa. Me prometiste que si llevaba esa pulsera, siempre estarías a mi lado, porque sería como si una parte de tu pensamiento fuese con ella.
-¿Una parte de tu pensamiento?- pregunté con una sonrisa- ¿Por qué no de tu corazón?
- Porque mi corazón siempre ha sido tuyo. Y no te sonrojes, porque sabes que es verdad…- Dijiste antes de tender tu mano para que la cogiera.
Así nos tomamos ese chocolate. Te aseguro que fue el más dulce de toda mi vida.
Desde ese día, siempre llevaba tu pulsera. Y agradezco que cumplieses tu promesa. Agradezco que aún hoy, la sigas cumpliendo, después de todo lo que ha pasado.
Detesto tener que haberme ido tan pronto. Yo quería estar contigo todo el tiempo del mundo y más. Deseaba por encima de todo despertarme cada mañana y ver tu pecho subir y bajar al ritmo de tu respiración. Seguir apartándote ese mechón de pelo que siempre te cae sobre los ojos. Amaba la idea de que tocases una canción con tu guitarra mientras yo leía cualquier libro de detectives. Pero me he tenido que ir. No quería, pero he tenido que hacerlo. Ya no voy a poder sentir nada de eso a tu lado, Tristán. No puedo volver.
Pero tú… tienes que continuar con tu aventura. Y esta vez, debes hacerlo sin mí. Sigue escribiendo tus melodías en ese cuaderno de tapas azules. No dejes de ladear la cabeza cuando algo no te guste. Esfuérzate por alcanzar las estrellas que tanto anhelas. Cumple tus sueños… Pero, sobretodo, deja de llorar… Tristán, te lo suplico, deja de llorar por mí. Prométeme que a partir de hoy me recordarás con una sonrisa en los labios. Piensa en mí, como lo harías al rememorar cualquier dulce recuerdo de algo que nunca pudo ser.
Ojala consigas todo lo que esperas de la vida. Observaré de cerca tus pasos porque, aunque no me veas, siempre estaré ahí, en tu corazón.
Siempre tuya,
Miriam.

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