|
Querido Javi: Te siento de menos. No sé como explicarte lo que me está pasando. No sé por qué, ni como, ni siquiera en qué momento, ni de qué manera. No encuentro sentido lógico, explicación coherente, respuesta acertada. De hecho no sé si quiero esto así... pero así es como es, y no puedo cambiarlo. La verdad es que me encanta divagar por mi mente y hallar en los rincones más recónditos verdades jamás expuestas ni conocidas, tan incoherentes como una mentira en mi mundo irreal. Si alguien me pregunta sólo guardo silencio, y en caso de que insista, solo se me desprenden de la boca palabras como aliento, olor, roce... e innumerables suspiros, que son en sí los que realmente contestan. Sin embargo, en mi cabeza retumban los escalofríos, los recuerdos en blanco, es como un dolor placentero... un dolor diferente, punzante pero apetecible, hasta agradable. Absolutamente inexplicable, y ridículo. Quizás no debería estar escribiéndote esto, pero sencillamente cada día me doy más cuenta de lo que me come por dentro. Ver que estás ahí, imaginar e inventar realidades. Y es que tiemblo, me haces temblar, el tiempo me hace temblar... porque ya no sé como actuar, creo que me olvidé de cómo hacerlo sin ti. Te pido, aliméntame de sueños sin sustancia y déjame crecer soñando alimentarme de ti. Suéñame cuando no te lo pida y pídeme que te sueñe despierta, acordándome de los detalles que, sin quererlo, marcan la diferencia, entre lo que fue y lo que es, entre lo que es y lo que puede llegar a ser. Y me digo continuamente “no te reboces en tus recuerdos”, que me pierdo el presente, e intento tener presente que de recuerdos se alimenta sólo el loco que se echa de menos. Si te soy sincera, a veces cierro los ojos y me arranco de la piel el más mínimo recuerdo. Pero esto sólo sucede cuando el odio florece en mis venas, se expande por todo el cuerpo y el latir de mi corazón se impulsa de tal manera que me estalla la cabeza en una manifestación de rabia embriagadora, ardua de controlar. Enséñame a no querer quererte, arráncame a mordiscos de mis entrañas el rastro de los besos que me has dado y aráñame la mente hasta que el menor atisbo de tu rostro desaparezca por completo. Haz desaparecer la sombra de tu olor a coco. Haz desaparecer la sombra de tu sabor a menta. Que lo llamen como les plazca... no hay letras que juntas sinteticen lo que siento. Escríbeme y no te leas, eso déjamelo a mi Te quiere y extraña, Susan.
|