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Mi querida Ángela: Supongo que no hace falta decirlo, pero eres una de mis mejores amigas, si no la mejor. He conocido a poca gente con la que haya conectado tan rápido y a tantos niveles. Supe que nos entenderíamos muy bien desde el principio, pero jamás esperé que con el tiempo llegásemos a tener una relación tan estrecha y cercana a pesar de los cientos de miles de kilómetros que nos separan geográficamente. Eres una constante fuente de inspiración en todo lo que hago y te admiro muchísimo. No obstante, esta carta no es sólo para demostrarte mi aprecio. Lo que te voy a decir a continuación puede ser algo difícil de digerir, así que te pediría que no siguieras leyendo si va a ser demasiado para ti. Desde hace algún tiempo, has despertado una serie de sentimientos en mí, y eso me preocupa. Al principio, me costó comprenderlo, pero me temo que no hay lugar a dudas: somos muy buenas amigas, pero yo quisiera algo más que eso. Me gustas. Me gustas mucho. Más de una vez me he sorprendido a mí misma sonriendo de pronto, como sin motivo aparente, al pensar en ti y en nuestras conversaciones. Incluso ha habido ocasiones en las que esperaba ansiosa la noche para poder hablar contigo de nuevo. También me avergüenza reconocer, y te pido por favor que no te ofendas por esto, que a menudo me encuentro soñando despierta, fantaseando contigo de una forma no siempre inocente… Me gustaría besarte y abrazarte, pero no como a una amiga o hermana. Quisiera demostrarte físicamente cuánto me importas y lo mucho que te admiro. Confesar mi interés por alguien jamás me ha resultado fácil, pero en este caso aún menos. No es que me asuste declararme a alguien de mi mismo sexo, pues sé que tanto a ti como a mí nos gustan las mujeres quizás todavía más que los hombres. Tal vez por eso hemos llegado a esa especie de compenetración tan especial. Sin embargo, sé que lo nuestro no sería posible. Realmente, el único motivo por el que quería que lo supieras es por quitarme un gran peso de encima. No busco que me digas que tú sientes lo mismo. En realidad, ya lo sé. Dicen que toda broma tiene su parte de verdad, y ambas somos culpables de haber coqueteado. Desde luego, puedo decir que en mi caso muchos de los comentarios juguetones iban bastante en serio. Estoy convencida de que, aunque sea en el fondo, tú también estás interesada en mí. Precisamente, eso es lo que más me entristece: aunque las dos queramos, nunca nos atreveremos a dejar que pase nada entre nosotras. Y la razón es muy simple. Llevas cinco años felizmente casada con Martín. Por mucho que yo te guste, jamás podré competir con él, y no quiero hacerlo. Incluso yo pensaría que estás loca por echar por la borda un matrimonio con un hombre tan fantástico. Además, yo tampoco sería capaz de romperle el corazón de esa manera a Alejandro, que es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Aparte de eso, existe el problema de la maldita distancia. No tienes idea de cómo duele. Aunque hoy en día la red haga que parezca que todos vivimos en el mismo lugar, cada una estamos en una punta del mundo. Es muy poco o nada probable que lleguemos a conocernos en persona. No es nada sensato intentar comprometerte con alguien a quien ni siquiera has visto en carne y hueso. Por supuesto, me encantaría que llegásemos a vernos algún día, pero tal y como está la economía (o, más bien, mi economía) ahora mismo, me temo que habrá que seguir esperando… Además, sería irracional pensar que pudiéramos tener una relación estable al vivir tan lejos la una de la otra. Yo ya he pasado por situaciones muy parecidas, y sé por experiencia que nunca acaban bien. Una llamada de teléfono no sustituye un abrazo. Empiezo a arrepentirme de haberte escrito estas líneas. Me está afectando más de lo que desearía. Con decirte que la tinta de algunos trozos se está corriendo… No sé ni siquiera si la carta todavía será legible cuando te la envíe, si es que llego a hacerlo. La verdad es que todo esto es inútil. Probablemente nunca llegue a echarla al buzón, pues es más bien una especie de desahogo para mí misma. Siempre he creído que me expreso mejor por escrito que a viva voz, así que se me ocurrió poner todos mis pensamientos en orden en papel. Hay quien dice que es terapéutico. Creo que yo ya te lo he dicho todo. No espero una respuesta, pues tengo mucho miedo. Me aterra que me digas que todas las veces que he creído que correspondías a mis coqueteos no eran más que muestras de afecto inocentes o, mucho peor, imaginaciones mías. Prefiero oír que a ti te gustaría estar conmigo tanto como a mí, pero las circunstancias insalvables nos lo impiden. Y, sobre todo, no quiero perderte como amiga. Lo entendería si decides fingir que nunca te he confesado todo esto y dejar todo como hasta ahora. Sólo te pido, Ángela, que no te alejes de mí. No dejes que la ya enorme distancia que nos separa se haga aún mayor. No soportaría que salieras de mi vida. Si me lo permites, te envío un beso muy tierno. Eva
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