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Amor mío: Espero que cuando encuentres esta carta, con olor a flor silvestre, que con mucho cuidado he metido esta mañana en el bolsillo de tu chaqueta, no sea demasiado tarde para los dos… Por eso, decides volver….tráeme esta noche la tranquilidad de sentirme mujer… mujer amante, virgen, loca, risueña, madre; mujer fuerte y sensible a la vez. Mi buen amor, si decides regresar, concédeme por favor, que con tu piel traiga a mi memoria la fecundidad ancestral de la tierra amorosa, llena de poder y bondad. Esta noche, amor mío… si vienes a mi cielo, déjame recordar que tengo un vientre fecundo, lleno de placer para ofrecerte y de insondable amor para darte. Y así, cuando me mires, sabrás que no puedo ofrecerte el cielo para siempre, pero sí, momentos para acariciarlo y saborear el éxtasis de su infinita dulzura. Mientras tanto, yo estaré sentada bajo mi árbol. Ese sauce del parque que siempre me acompaña silencioso en los momentos donde hace mas ruido mi corazón. Me encontrarás allí mirando las estrellas y respirando profundo; deseando intensamente que por fin sepas lo que estás buscando y encuentres el norte de tus ambiguos sueños. No hay prisa, pero ve corriendo para que no pierdas nada mas de lo crees que has dejado mientras estabas caminado a mi lado. Y entonces, deja que susurre tu alma; abre bien los ojos y escúchala….Solo después, decide…. Si tomas otro barco, ¡buen viaje y buena mar marinero!... Pero si regresas, imagina un sueño, dibújalo en tu corazón y ven a buscarme… Yo estaré aquí esperándote, sentada bajo de mi árbol, recordando palmo a palmo cada trozo de tu piel memorizada en mis dedos, todos los besos que se quedaron metidos para siempre en esta curtida piel de hada viajera y todos los abrazos que se me quedaron guardados esperándote en el baúl de mi corazón. Sin ti –endote: Hada… tu hada.
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