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Soria, un catorce de febrero A la pequeña niña Izquierdo – que reposa en los elíseos-
¡Oh, mi amada!, siempre mía Si el amarte tuviera un valor Yo seria millonario Y tus lejanos recuerdos A la que me apartado No tendrían mas distancia, que una mano.
Aun siento como llueven las mejillas de ese viejo olmo Cuanto me acuesto en su regazo.
Te acuerdas de eso mi pequeña Yo te llevaba a su amparo cuando el Mirón del firmamento hacia su arrecio acostumbrado.
Nunca te falto cariño Nunca te aleje de mi lado Pues por un lado tenía un libro Y en la otra tenia tu frágil mano.
¡Oh, mi amada!, siempre mía. Son los veintinueve días de febrero, que más siento tu ausencia Pues un día como ayer, te oí un te quiero Que sentí como en este desierto, un rio brota, pero son solo recuerdos ya que la lluvia viene de gota en gota y se esfuma con el viento antes que llegue a tocar la punta de una garganta seca y rota.
Quien tuviera la suerte del gorrión, que tiene de cómplice al viento. Su amada oye donde sea su trino y así no existe distancia lejana entre ellos.
¡Oh, mi amada!, siempre mía. Soledad a veces me visita Y me cuenta quien esta a tu lado Aunque mi relación con ella, nadie a descifrado Yo soy mudo y ella nunca me habla Pero sabe por mis ojos, que estoy enamorado.
¡Oh, mi amada!, siempre mía. La distancia de tu querer, ya no me allana Pues a mi encuentro viene Ana. Ahora cambio de papeles con esa tierna entraña Porque ahora yo la llevo en hombros A buscarte en los elíseos a ti Mi por siempre niña Leonor
A. Machado
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