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Ya los nombres no tienen sentido. Ni con mayúscula ni sin acentos, qué más me da si se les llama comunes si para ti, cómo no, todos serán propios. Y aunque fuera cuestión de conjugar de nada serviría: yo me quedo en el presente, en este mismo, y para el resto todos los tiempos, porque para nosotros nunca existirá el subjuntivo. Y entonces me digo que si quiero me imagino un futuro contigo, pero qué más me da: ni siquiera me quedan pronombres, ya no sé ni cómo se escribe lo que es mío. Ya ni puedo hablarte de lugares que conozco ni de tiempos que he visitado, se acabaron los modos y las formas, se han terminado los aquí, incluso los ahora. No hay a frase que enunciar, ni contenido que subordinar. Qué historias son estas, si sólo tú eres adjetivo. Si en cada rincón de mi cuerpo te llevo, cosida con mucho más que hilo. Con preposiciones y conjunciones que suenan a vacías, que ya ni significan. Aunque le dé vueltas lo que sea que quiero decirte, aunque junte un te y un quiero, aunque mis dedos crean que pueden escribirlo, aunque crea que sé de lo que me hablo. Aun así, contigo no me bastan las palabras.
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