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 Asunto: Carta nº 475
NotaPublicado: 31 Ene 2012, 15:33 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Siglo Veintiuno Cambalache
Desde el fin del mundo
Mi amor (Ojos de atardecer)

Todo está oscuro acá adentro, y me refiero a mi corazón, o alma, o lo que sea que se está rompiendo en este pecho, tal vez sea un duende o un marciano. El crucifijo que llevaba entre las tetillas lo lance dentro de la letrina del hoyo seco hace ya mucho, espero algún día caerme también y prontamente dejar de existir, pero no tengo las fuerzas. ¿Crees que el suicidio es para valientes o para cobardes? Yo creo que simplemente es para gente desesperada, y ¿Cómo juzgas el valor de un desespero ajeno? Imposible, cada quien a mi modo de ver se puede matar por lo que se le venga en gana, por deudas, por no querer ser controlado mas por sus adicciones, por amor, por desamor, por un abandono, o por simplemente abandonar, que se vayan, todos sin excepción, incluidos los patéticos que solo lo intentan para llamar la atención, búsquense un mejor hobby y no le jodan la vida a la humanidad, bastante ya tenemos con las corporaciones y los políticos. Todo está oscuro. ¡Te quiero tanto ojos de atardecer! ¿Recuerdas cuando te dije por primera vez así? Yo sí, fue en el parque de los patos blancos, cerca de casa, era una tarde de abril y jugábamos a que las piedritas revotaran sobre el agua, mi record fueron cuatro, el tuyo creo que tres, me gustaban tus manos con pecas, tu vestido de pepas y tu cabello oscuro e infinito como el amor que siempre me has tenido, pero que importa, regresemos a como te llamaba de cariño, te decía ojos de atardecer porque se te ponían como naranjas cuando estabas de mal genio, aunque busque en muchos libros de oftalmología nunca encontré una explicación científica, tu sabes, yo siempre buscando explicación para todo. Como la vez que viste una estrella fugaz y me dijiste que tu deseo era que nunca te faltara el amor, y yo me puse a decirte que el amor era una cosa de tontos, cuestión de químicos corporales y que lo que no había pasado a lo mucho seria un avión veloz, yo siempre rompiéndote el corazón y a ti que no te importaba y me abrazabas y me decías que la próxima vez pedirías que volviera a soñar como un niño, si supieras lo mucho que ruego porque veas una estrella de esas nuevamente. Porque ya no veo la diferencia entre día y noche, olvide los colores del atardecer y del amanecer, olvide las figuritas en las nubes. ¿Recuerdas cuando nos botábamos horas enteras a buscar figuras en el parque de los patos blancos? Tú siempre encontrabas flores, me parecía que tenías un jardín en los ojos, yo a lo mucho veía lagrimitas o dragones sin fuego. Todo está oscuro amor, los días se me pasan entre dudas, blasfemias, oraciones, preguntas sin respuesta, respuestas sin preguntas, miedos, llantos y desesperación. ¿Recuerdas cuando me fui por el Amazonas con el único ánimo de demostrarte mi espíritu aventurero? Claro el resultado fue una fiebre amarrilla que casi me mata, pero en esos días de cuarenta y tanto grados creo que había más cordura en este flaco que hoy te escribe, además estabas tú, toda tu siempre a mi lado, mis ojos de atardecer, la que siempre tuvo una palabra llena de fe en la boca. Hace muchos días nos dijeron que muchas cosas cambiarían, no dijeron si para bien o para mal, pero nada paso, hace poco el jefe vino y dijo que ahora si las cosas cambiarían, pero sabes, ya no creo, a lo mucho recuerdo la letra de las cuarenta cuando pienso en esperanza, si que linda: Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso. Hace unos días lance por sobre el muro el libro de superación personal que me regalo el ultimo en salir, el pobre no llego a puerto seguro, como dirían acá, simplemente se le vino el diablo y se lo llevo antes de que llegara a casa, el demonio que nos acecha con sevicia por ser peones de este ajedrez, el putas, el cuernos, el que le dio las monedas a Judas y ahora se las da al más vivo, que al parecer le paga con la sangre de los nadie, de los olvidados, los que llenamos las cifras oficiales y nunca pero nunca de los nuncas y veremos a nuestros bisnietos correr por el patio de la casa, de nuestra casa. Perdóname mi amor, por no cumplirte la promesa de ir a Barcelona, ni a Buenos aires, daría mis corneas por cumplirte eso, por llevarte a conocer el mar lejos de los vendedores de gafas y bloqueadores solares, pero ya no creo en las promesas de los unos ni de los otros, pues soy menos que un cero, ósea un menos antes de un cero, o un menos y mil millones después, da lo mismo, algo cómico para mí, que me mate la espalda jornadas enteras por llenar la billetera de billetes, los únicos papeles que hoy quisiera tener son con los que me enseñabas a hacer pajaritos, aviones y barquitos, siempre caían, siempre se hundían, pero no importaba siempre estabas presente para hacer más para mi, y ¿Cuánto valgo hoy? ¿Cuál es el precio de mi cabeza o de mis pies? Ideales, estrategias, hombre a hombre, muerto a muerto, qué más da, soy uno más en la larga lista y tú lo sabes, pero te niegas a aceptarlo, pero amor, ojos de atardecer ya todo se cae, este mundo se olvido del amigo, ahora no es más que un numerito que sube y baja al antojo de las redes sociales, creo que está muy bien llamarlas redes porque nos capturaron y dejaron sin alas, son redes de tarántulas asesinas que no quieren que los niños regresen a los parques de patos blancos. ¿Qué digo? Comprendes así es mi cabeza por estos días, un constante devenir que no encuentra sentido a seguir en pie, ¿te preguntas si te amo? ¡Por supuesto que sí! Te amo siempre y nunca, que son lo mismo acá donde no hay hora, ni calendarios, donde el día de los muertos es lo mismo que la navidad, donde a lo mucho recordamos un día en especial por un balazo en la maleza. Te amo con los a lo mucho cincuenta kilos de carne y huesos que me sobreviven, que me atan a este planeta, te amo con mis ojos cerrados, con mis manos atadas, con mis pies sin caminos, te amo con el niño y el hombre triste que soy ahora y nunca, te amo aunque este perdido, aunque sea mercancía de poner o de quitar, aunque sea un mar de miedos perdido en medio de estas rejas, donde nunca quisiera que me vieras. Te amo ojos de atardecer y mañana que este en tu jardín pasa a buscarme que seré una magnolia o un dragón con fuego en la boca.
Quien siempre te amo
Federico M


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