
La brisa sopla desde el horizonte al malecón
Haciendo susurros con su juguetear en las palmeras,
Que bailan a la velocidad suave atropelladora
Y entibian el escenario de aquella bahía caribeña.
Cielo azul perfecto dibujado desde el horizonte
Corrido hasta los altos hermosos de aquella montaña;
El pie coloco por primera vez con fe, sueños y esperanzas
en aquella tierra tan lejos de mi terruño.
Con torpes pasos de cansancio del viaje de dias de mar,
tropiezo con una piel morena joven y bella,
cabellos negros a la cintura y un particular rostro;
Nunca vi rostro parecido alguno en mi vida.
No pude esbozar palabra de disculpas y sin querer
De mi salió “solo sé que algún día serás mi mujer”;
Eventuales encuentros acordados por el destino
Una y otra vez me llevaron a ella, a su piel a su rostro
Así, pasaron los dias, y en mi porfía, a ella veía
Y las palabras dichas en el malecón,
Se llenaron de afectos, de sentimientos y pasión
Y así te hiciste parte de mi vida, la mujer mía
El amor de mi vida, el amor de siempre, que nació en el malecón, en el muelle del puerto, en aquella bahía…
Parte de la historia de mi familia