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POR NUESTRA SEGURIDAD LOS TENEMOS QUE EXTERMINAR.
Dejad que los niños vengan a mí, dijo Cristo en su momento de amor, pero qué triste realidad cuando vemos a un niño sufrir dolor; miles de niños duermen perdidos en sus horas de frío y hambre, son los hijos que una madre solitaria botó, pero cuál animales , la calle trató.
Quién se apiada de estos niños, que hasta el mundo olvidó, sin un pan en la boca, sin ninguna atención. Será el delincuente del mañana, qué juzgaremos sin compasión, ¡Pero quién la tuvo con él cuando era niño! ¡quién se compadeció de su dolor!
Qué pasa con la sociedad de hoy, por qué un niño cuál pájaro frutero, pelea en el muladar por un trozo de pan. Yo he visto en portales, de fríos inviernos, niños en el suelo cubriéndose con un cartón. Qué mejilla pueden poner si su cuerpo ya fue mancillado, Qué consuelo será vivir y morir así Para tener un mundo mejor. Por eso muchos preguntan a veces, dónde está el Salvador .
Hay niños que recogen basura, para alimentar los chiqueros del patrón, ellos reciben por sueldo un golpe y un pedazo de pan en un rincón. Es que la gente ya perdió el corazón? a veces son objetos animales, de golpes, de frío, de violación y dolor. Para ellos no hay escuelas, ni siquiera compasión. Son los hijos de la calle dicen, Que tenemos que exterminar. Hay que salvar nuestros cuatro reales, Para qué sirve “esta maldición”.
Ojalá en una sociedad más humana, el niño sea el primero, para él, lo mejor. no engendremos estómagos en exceso, mientras los niños de las calles se alimentan del bacilo de koch.
Dejad que los niños vengan a mí, dijo Cristo, nuestro señor, yo creo que en su infinito amor, a todos los niños llamó y no sólo a los hijos del patrón. Cómo es indiferentes el mundo cristiano, indiferentes a los niños del hambre, del abuso, del dolor.
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