Registrado: 15 Feb 2011, 05:03 Mensajes: 5945 Ubicación: Buenos Aires Argentina
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Desde mi ventana veo un pequeño parque, que en su centro alberga una hermosa pero abandonada y gastada fuente. El paso del tiempo hizo lo suyo y nadie se preocupó por mantenerla. Los vecinos pedimos por carta a las autoridades municipales su arreglo, pero pasaban los días y nada. No teníamos noticias. Pero un día ocurrió el milagro! Llegaron varios hombres. Arreglaron los senderos, podaron, plantaron y lo más importante, el corazón de la plaza “La fuente” la restauraron, pintaron y la hicieron funcionar. Se lleno de agua cristalina que bullía y caía de un cántaro que abrazaba la figura de un ángel querubín. En el lugar casi no había pájaros, era triste y sin movimiento. Cuando la gente lo cruzaba, lo hacía lo más rápido posible, como si quisiera huir de ahí. A la tarde y a la noche daba un poco de miedo, principalmente en invierno, pues se juntaban personas indeseables. Luego del arreglo pasaron varios días. Observé desde la ventana el parquecito y …… ¡Oh milagro! Jugaban niños, corrían con alegría. Crucé, crucé rápidamente. Quería compartir. Sentí su frescura ni bien entré. Ya había flores, estaban brotando la mayoría de las plantas y una variedad inexplicable de pájaros revoloteaban alrededor de la fuente. Sentados en sus bancos recién pintados de verde los jubilados contentos conversaban mientras jugaban al ajedrez y a las cartas, con mesitas que ellos mismos llevaban. La atracción que emanaba la fuente había traído vida a la placita; todo giraba alrededor de ella. Cada día que pasaba se sentía más la alegría y estaba más limpia, la gente tomó conciencia que era una parte de ellos. A la noche la fuente se teñía de luz y de amor. De su fondo emergían luces que jugaban con las luciérnagas. Los bichitos de las plantas buscaban su calor, igualmente los enamorados con sus sonrisas y besos furtivos. Ahora me siento feliz. A veces a la tarde, cuando comienza a ocultarse el sol y los árboles estampados en el cielo, me siento frente a la fuente y penetro en la frescura que emana. Sueño, observo todo a su derredor. Como se bañan los gorriones, aprovechando su agua bienhechora. Escucho la música del parque, porque sí, tiene música, el trino de los pájaros que poco a poco van callando para ir a dormir, el susurro del viento, que va moviendo los árboles y arbustos. La risa de los niños. Todo se mezcla haciendo una música especial junto con la caída del agua fresca de la fuente.
Alicia M. Köhler -Margalic- ISBN 978-22952-7-1 |
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