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COMO PAÑO DE TUS LÁGRIMAS
Me apena dejar turbios claveles negros en el cementerio de tu cama, y decirte adiós, sin corolarios ni vagas expresiones que te deshagan, si se que en tus ojos vive una niña que juega pintando alegrías nuevas sobre el acero de esas viejas cicatrices mustias y amargas.
Yo te veo, álgida y desvalida, en un desvarío de sábanas grises, perdida en la penumbrosa tormenta de tus desgracias. Y no sé como hacerte entender que ya no arde en mis venas el sol de la pasión, si cuando te miro no me miras y apenas sientes el frío de mis ojos te retiras a tu interior y esperas, hundida en tu tristeza, como una indefensa oruga metida en su crisálida.
Como puedo marcharme si se que finges dormir y estás solo allí, callada y temerosa, con un dolor profundo en el alma. Si cuando me acerco y miro tu rostro, los ojos, detrás de los párpados, temerosos te bailan, y vibra en ti un sentimiento lívido y compungido, que me grita, desde adentro de tu pecho; ¡No te vayas...No te vayas!
Como puedo detener el dulce vuelo de tus manos (que se pegan a mi piel con la ternura ingenua de sus alas) si cuando adviertes que el tono de mi voz de repente se dilata, aún, más tierna, pareces renacer y entonces vuelvo a ser, como paño de tus lágrimas.
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