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RECORDANDO A MI MADRE
Iba por la casa, con andar ligero abriendo ventanas, silenciosa y ágil. Un orden estricto debía reinar. Los zapatos limpios tenían que estar, pues de lo contrario, no se podía entrar.
Hacía ricos dulces, comidas sabrosas, postres exquisitos y unos pastelitos que aún paladeo. Jamás se la vio cansada y mucho menos enferma. Era fuerte como el roble, incansable como el viento. No se daba por vencida, aunque estuviera dolida. Era tenaz y esforzada, y nunca bajó los brazos, ni siquiera ante el dolor. Amaba a mi padre como el primer día y él la quería de manera igual. Un matrimonio ejemplar, que juntos vivieron diez lustros y un poco más. Nacieron para estar juntos, por toda la eternidad.
Adoró a sus nietas, me ayudó en su crianza y en su educación. Las sintió sus hijas y las protegió. Todo ese cariño que tenía guardado, porque madre fue una sola vez, lo entregó a sus nietas y siendo su abuela, también fue su madre, en las largas horas y en los muchos años que yo trabajé. Ejemplo de dignidad, esposa fiel e intachable, fue una madre rigurosa, que guardó en su corazón el amor que me tenía, pero que estuvo a mi lado en lo bueno y en lo malo, hasta que un día mi padre, desde el cielo la llamó. ********************************************
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