Que Llegue Mañana...
Otra vez la luna fue testigo,
pero también algo más;
tomó nuestra mano con fuerza
como intentando sellar el mundo,
como dando su aprobación para esto
que es cierto, que existe, que es.
Repetimos el protocolo hasta sentirnos,
hasta ser lo que fuimos: uno,
tú y yo,
sin futuro, con medio pasado encima,
con tus manos y las mías sin distinción,
nada más tú y yo.
Esta vez no fue el tiempo que pasó,
tampoco el que hizo falta;
tal vez fue el destino que no quisimos evitar,
tan solo el momento que nos dejamos vivir.
Sin prisa, ni retraso,
exacto como el universo.
Las sonrisas etílicas,
los gestos ajenos,
los extranjeros de enfrente,
no nos vieron solo el deseo;
unos y otros con mirada cómplice
acompañaron nuestra noche.
Tiempo atrás nos amamos igual,
sin saberlo, sin decirlo,
atados al recuerdo latente
que quizá ahora empieza a ser pasado;
nos amamos igual que ayer,
hoy distinto y ¿mañana? que llegue mañana.