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Os podría contar tantas cosas sobre ella y el trato denigrante, para sus empleadas. Recuerdo un día en que Charo estaba en el servicio cambiándose y me llamó porque estaba sonando el móvil, y yo sin pensarlo salí corriendo para ver de quien era la llamada (Ese día mi madre había ido al médico a recoger el resultado de unas pruebas. Pensé que podía ser ella, pero al final resultó que no era.) Para cuando yo cerraba mi bolso, llegó ella y nos vio hablando. Sólo se le ocurrió decir que si nos dejaba solas, para hablar. Pero lo hizo con recochineo, dejándonos entre ver que ella la dueña de nuestro tiempo en ese instante. Recuerdo otro día en que el jardinero había venido a curar los árboles de la casa y nos saludamos porque hacía mucho tiempo que no nos habíamos visto. El jardinero es un anciano de más de 70 años que se conserva estupendamente y se dedica todavía a cosas de jardinería porque es lo único que ha hecho durante toda su vida, desde niño. Nos saludamos, preguntamos por la familia de ambos y en medio de esa corta conversación llegó ella (la malvada bruja) y nos miró con eso ojos inyectados en veneno, se limitó a decirnos que si queríamos una cita, nos citáramos después del trabajo. Ambos nos miramos y no dijimos nada, para que, ella siempre está, ha estado y estará en posesión de la única verdad... Me pregunto si en algún momento de su vida ha sido feliz, y si sabe el significado de la palabra amor, no digo que ella haya amado, simplemente me pregunto, me cuestiono, si sabe su significado. Os podría contar miles de acontecimientos, que de verdad en algunos momentos nos harían llorar o reír dependiendo del estado de ánimo. Os contaré una reciente. Estábamos Charo y yo, ella estaba limpiando el polvo del salón grande y yo metida en la cocina, cocinando sin duda lo que para ella será un suculento manjar, aunque yo de gracias a Dios porque no me guste lo que ella come, se trataba sin duda de un suculento manjar como os digo que consistía en repollo guisado con aceite, cebolla, pimientos y un poco de sal. Como os decía ese día ambas estábamos afanadas en esos menesteres, cuando por arte de magia apareció nuestra doña Isabel y nos dijo a ambas que recogiéramos que dejáramos las cosas como estaban, nos miramos mi compañera y yo sin decir nada y como ella mandó así hicimos. Nos sorprendió mucho esa petición, pero no tardamos en averiguar cual era la causa y no era otra que la visita de un caballero de aproximadamente su misma edad, con el cabello blanco, con una poblada barba, con unos zapatos lustrados impecablemente, camina enérgicamente, cuando le vimos Charo y yo no pudimos por menos que empezarnos a reír ante nosotras teníamos al autor de nuestra precipitada marcha, lo cual sin duda yo desde el fondo de mi alma se lo agradecía.
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