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¿Y ahora qué?
Lo siento. Ya han pasado dos semanas. Ya sé que hice algo horrible. Fue una noche, un error…Te fui infiel, te decepcioné, te engañé y también me engañé a mi mismo. No estoy orgulloso. Pero es verdad, consumes todo el oxígeno de la habitación. Aquella noche era la presentación de mi libro y en vez de ser yo el protagonista lo fuiste tú. Qué si tu trabajo, tus viajes y tu siempre palpitante vida…Estaba agotado de intentar solucionar tus problemas y alguien se me acercó y me ofreció ser el protagonista. ¿Si te absorbo por qué no me lo dijiste?, me preguntaste. En parte lo prefiero así. De pequeño no me hacían caso pero tú…tú… es como si no pudieras estar sin mí. Cuando no viniste a mi presentación me dolió muchísimo. Esa noche y sólo por una vez quería ser yo la estrella. Egocéntrica y neurótica. Adorable y fuerte. Absorbente y exigente. Entregada y leal.
Ojala pudiera hacer algo para demostrarte lo mucho que quiero cambiar y crecer a tu lado. Pero ahora mis palabras están vacías y esto es tan solo papel mojado cuyos pedazos se llevarán el viento. Tú ya no puedes escucharme. Yo puedo sentirte aún. Tú no puedes perdonarme. Y yo no puedo olvidarte. Aún recuerdo tu piel magnolia, tu voz susurrándome al oído, tu siempre fiel y cálida presencia. Me enseñaste que afrontar la realidad es mejor que conseguir energía y tiempo para intentar escapar de ella. Pero yo ahora me siento abatido, roto, desolado.
Fue una noche oscura y gris, como las que yo ahora vivo, un coche te arroyó la vida. Te fuisteis sin despedirte, después de nuestra discusión, después de mi error. Ahora rememoro el pasado. Los remordimientos no me dejan dormir. Después de vivir mil aventuras y quinientas noches el destino, voluble y cabrón, dibujó sobre nuestras almas el más trágico de los desenlaces. Tu alma se fue. Y desde que te mataste yo no encuentro la mía. Me quedaba tanto que demostrarte y de aprender contigo. Nos quedaba tanto por luchar y tanto que vencer, pero yo ahora estoy derrotado. No sé por qué escribo esto. Quizás me estaré volviendo loco. Quizás sean palabras de autocomplacencia. Siento pánico al saber que no estás conmigo. Caigo al abismo sin tu presencia. Y a pesar de todo no respuestas, no soy fuerte. Y mis ojos se llenan de lágrimas mientras escribo estas líneas.
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