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Querida Rosa, maestra:
Transformaste siete días de Bienal, Pensados para quienes no disfrutan Del privilegio de la luz del día, En un atajo firme hacia la conquista.
Nos mostraste al cisne, en sus líneas puras Cerrados los ojos, abiertas las manos, Desde la dificultad de la perspectiva Consciente de ella, oscuridad que alumbra.
Y nos regalaste tanta, tanta LUZ, tanta, Querida profesora de tus bellas artes, Que arrancas poesía de las noches vanas Y obligas al gesto a manifestarse.
Nacho amasa entonces rosas cada día, Y las embadurna en un barniz grueso, Que es fiel al origen de tu técnica, JURA homenaje entero a tus manos, con verbo.
El resultado asemeja gotas de rocío Que son la miel pura de pétalos frescos, Que incitan con duda al carbón, pintura, Desde aquel paisaje, mar, velero, almendros.
La alumna tocaya, ahora, resulta, Que apercibió patos en el Manzanares. Surcando las aguas del río que cruza La ciudad del Círculo, corazón del mapa
Capital hermana de almas racionales De maestras vivas con sangre en las venas Con tinta en los dedos que convierten todos Los lienzos del curso en juicios finales.
Pepita presume, de paso, del niño que Crea viñetas pensando en su madre Y ríe las gracias de chicas graciosas, Les brinda caricias, conoce el mensaje.
Comparte contigo, captando tu idea De un mundo sin prisa con gente con ojos, Con manos, con brío, con piel, con maneras, Con arte, con luz, marmolina en rastrojo.
Relieve del Braille que alude a montañas Que apuntan mensajes de guías en ceras. Colores que hablan de rutas seguras Que esconden los grises de tu PRIMAVERA.
Plurales A Rosa Garriga
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