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 Asunto: Carta nº 350
NotaPublicado: 28 Ene 2012, 23:36 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Querido Azul:
Te escribo estas líneas porque no soy tan valiente como quisiera y no tengo el valor de decírtelo de frente, pero justo cuando estés leyendo esto, recuerda la forma en la que mis ojos te miran y quizás, sólo quizás, te des una idea de la sinceridad con la que hablo por medio de esta hoja de papel.
Hace unas horas miraba el cielo. Me preguntaba si acaso las estrellas eran pequeñas velas que alguien enciende cada noche para iluminarnos. Y justo cuando empezaba a divagar en ello recostada en el pasto al lado de una amiga, ambas contando puntos fulgurantes, me pasaste por la mente. Sentí la necesidad de decir lo que significabas para mí, de narrar la historia que nunca pudimos llegar a escribir con el simple afán de sentirme liberada y de pensar en aquel soneto titulado “Azul” que una noche de miércoles en el mes de Octubre te escribí en un rancio salón desierto de la facultad. Lo recité de memoria con la vista clavada en la techumbre inacabable y dije al viento lo mucho que te quise o, tal vez, te quiero.
Dos segundos después de dejar el jardín de la casa donde se celebraba una fiesta nocturna, entré a la estancia por la cocina y te vi: tu bella sonrisa fina y clara, tu cabello de selva maldita en la que quisiera enredarme hasta no saber más y esos ojos que a pesar de que lo niego, no he podido olvidar. Me di la media vuelta y te dejé ahí, sin que siquiera hubieses visto mi sombra.
Azul, no importa narrar la noche que ambos tuvimos, ni siquiera es necesario que te explique porque es que yo te llamo “Azul”. Pero hoy me atrevo a decirte tu nombre sin pena a errar, sin miedo a que el mundo se entere qué es lo que estoy sintiendo: Dante G., tú eres mi colorido modernista que me permite estar justo ahora en esta encrucijada de la que temo no poder salir jamás.
Si te escribo esta carta no es porque espero una respuesta, no, no pretendo más nada que poder dormir tranquila al menos una noche y así sacarte de mis sueños, esos sueños donde te conviertes en la espina de las rosas que cubren un camino que me veo forzada a cruzar. Si te escribo es porque necesito decirte lo que siento y porque sí, porque no puedo dejar de pensar en ti.
Tengo celos del agua que bebes día a día, de tu madre que a diario puede verte y abrazarte al decirte que te quiere, del espejo que refleja tus pensamientos y tu esencia, del sol que te calienta y alumbra, de las sábanas blancas que cubren tu cuerpo y cobijan tu sueño… tengo celos de los celos que te tengo y de los que no, también.
Cada vez que te tiento es como si una bomba atómica me destazara. Empiezo a monologar conmigo misma y pretendo llamar tu atención, aunque sé de memoria que me miras mas lo que piensas es mayormente desconocido que la fórmula para tu corazón conquistar.
Azul o Dante, como quieras llamarte, no sé qué decirte. El reloj marca las dos con treinta y cinco minutos de la madrugada y hace un par de minutos que volví a casa sin poder encontrar un objeto o una bocanada de aire que no me sepa a ti. De camino, en aquella conocida vía que comúnmente tomo para regresar a mi morada, no dejaba de hablar en ti y callar con pesar las lágrimas en mi garganta que ahora temen por no poder controlarse y provocar huracanes sobre el sillón en el que te escribo cuando ya todos están dormidos, pero mírame a mí: aquí como tonta sin poder de pensar en ti. Sí, mis padres recorrieron una a una las vívidas imágenes que les conté, ellos saben lo que significas para mí al igual que todos a tu alrededor; estoy más que segura de que tú también conoces la verdad y acaso lo ocultas.
Antes de que desvanezca lo poco que queda de mí, quiero confesarte que nunca podré olvidarte. Pase lo que pase, haga lo que haga, siempre me descubro volviendo a ti. Hay veces que creo caer en la demencia, pero dime tú si no ya lo estoy. Te admiro en todo los sentidos: me encanta el modo en el caminas, tu aura, esa risa contagiosa que quisiera escuchar cada amanecer a mi lado, tu misteriosa identidad, el modo en el que finges mirarme y al mismo tiempo ignorarme, tu forma de ver la vida, la manera en la que te vistes, tu porte, el talento musical que posees (a pesar de que no sepas cuadrarte en una melodía), tu amor por la fotografía, el lado infantil y la visión positiva que conservas de la vida… Todo lo que lleve tu nombre o esa rima que me fastidia y al mismo tiempo me reanima.
Dante rima con andante, lo cual me deja claro que solamente viniste a mi vida con el afán de luego marcharte, pero yo me niego a ello, no quiero perderte ahora ni nunca.
Si tú me dijeras lo que sientes por mí, tal vez yo podría escribirle un final a esta historia y seguir viviendo anonadada en tu mirada artística que a diario quiero plasmar en los paisajes que miro por toda la ciudad. Pero no todos los sueños se hacen realidad y no puedo obligarte a que me ames; hay algo que el dinero o el talento no pueden obtener: el amor tan añorado melancólicamente de un mortal como tú.
Azul, yo no sé cuándo fue que esto pasó, daría lo que fuera por averiguarlo y poner en el calendario una línea para no vivir ese día y ahorrarte el daño que probablemente ahora te ocasionan mis palabras, pero por más que quiera no puedo hacerlo.
Cuando te miro con alguien tengo miedo de perderte y fue ese temor el que me obligó a mandarte esto, no pretendo que lo entiendas o siquiera que lo leas, aunque yo daría la vida entera porque tus ojos acariciaran una a una las letras y esos bellos labios rosados que alucino en versos me dijeran lo que por tanto tiempo he esperado en vano.
Mañana cuando ya hayas leído esta insípida carta puedes ignorarme si así lo deseas, yo lo entenderé al igual que si decides hablar conmigo y decirme que nunca habremos de estar juntos. Yo te comprendo, siempre has tenido la razón y sé que posees la respuesta a todo, aunque nunca me la digas.
Mi querido Azul, mi amante en secreto y protagonista de la novela que nunca llegaré a escribir: Te amo, si es que acaso esto es el amor, hoy me atrevo a jurar que sí.
Sincera (y muy sincera) mente
Yo.


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