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Llueve mientras escribo esta carta. Dime amor, ¿acaso tú crees en el destino?. Yo la verdad no creía. Yo era de las que proclamaba que cada quien forjaba su propio destino, su propia estrella, sus propios caminos. Pero si el destino no existe, entonces dime como se llama esa magia que permite que el mundo se confabule para que dos extraños se encuentren en un momento y lugar exacto, y resulte ser, que esos extraños hayamos sido tu y yo. Por eso, amor, creo en el destino. Porque creo en los amores eternos, amores bonitos. Amores imperecederos, que no se convierten en cárceles, sino en medios de conocer nuevas libertades. Yo creo, porque tú eres ese amor para mí. Mi amor, creo en ti. Desde ese primer instante en el que te vi, comprendí lo que es el amor. El amor es una mirada. Una mirada volcánica que te hace temblar, te cambia, te transforma y te hace estallar de emoción. Una mirada que te quema. Una mirada, tu mirada. Por las calles camino buscándote. He visto ojos adormecidos, enamorados, llorosos; con lentes de contacto, de montura, operados; ojos grises, azules, cafés, verdes, amarillos y violetas; pero en ninguno de ellos, amor, te he visto a ti. Te busco. El silencio entre dos personas es algo muy curioso. Ese momento en el que se ven a los ojos y se dan cuenta de que no tienen nada que decir. Pues, ese silencio puede ocasionar dos cosas: o que te des cuenta que simplemente no tienes nada en común con esa persona y se torne en un silencio incomodo, o que te des cuenta que quieres compartir todos los silencios de tu vida a su lado. A mí me paso lo segundo. Eso es lo que llaman el silencio del amor. El instante en el que te das cuenta, que entre ustedes hay silencio, no porque no haya nada que decir, sino, porque no es necesario decir nada. Te amo. Sin dudas, miedos ni remordimientos. Te amo. Sin condiciones, avisos ni adioses. Porque amar es no querer decir nunca adiós. Te amo, aunque yo haya tenido que decirte adiós demasiado pronto. Ahora dejare esta carta sobre tu tumba, y esperare que de alguna manera, el destino este a mi favor, y su mensaje llegue a ti. Llueve mientras escribo esta carta. El cielo llora, y yo mi amor, lloro con él. Hasta pronto.
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