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Querida Valentina: Para el día de tu santo, quería escribirte algo especial. Un bello poema de amor, como la fecha lo exige, o una bonita historia, pero esta vez no va a poder ser. Miro la pantalla del ordenador y se borran de mi mente todas las palabras. Toda la inspiración que sentía hace un instante, mientras danzabas cálida entre mis sueños, huye ante la frialdad de ese palito negro que late al ritmo de mi corazón. No hay manera de atrapar los versos que surgen tan fácilmente en tu presencia; cuando me alejo de ti, vuelan y se esconden, como si el hecho atraparlos, escribirlos y pronunciarlos fuera a destrozar tu belleza. Por lo tanto, lo intentaré sin versos. Yo te miro, y ya no te veo. No sabría decir si eres bella, porque sé que cuando a ti te juzgo, no puedo ser justo. Pero sí sé que eres la armonía que encuentro en las canciones, la luz que me deja ver maravillas, el color que hay en cada flor, la sonrisa que veo en los labios de cada niño, y que me hace sonreír a mí también. Porque sin ti, yo no sería capaz de apreciar esa belleza. Seguiría estando allí, pero yo no la vería. Porque son tus ojos los que suavizan mi mirada, los que hacen que cada día vea las cosas de dos formas distintas. La tuya y la mía. Un ansia de unificación me llena de tal manera, que sólo decir la misma cosa al mismo tiempo que tú me hace feliz. Durante un instante. En ese momento acaricio el cielo y sus estrellas. Porque estamos en sincronía. En armonía. Dos mentes pensando al unísono. ¿Acaso hay mayor perfección? Vuelvo a mirar la pantalla del ordenador, y las palabras vuelven a desplegar sus alas. Ágiles y veloces, antes de que yo sea capaz de leerlas echan a volar. Por eso sólo puedo decirte una cosa más. Porque no es palabra buscada sino verdad. Esa arruga, que tanto te preocupa, es lo que más me gusta de tu cara. Porque marca esa zona con la que ríes, con la que lloras, con la que te preocupas, con la que te enfadas, con la que te compadeces… Con la que sientes. Con la que te expresas. Con la que eres. No le tengas miedo. Es una parte imborrable de ti, que te marca, sí, pero también te identifica. No les temas a las arrugas. No les temas a las canas. No temas al envejecimiento. Porque sé que será bello envejecer contigo, y quiero hacerlo. Quiero estar presente en cada una de esas risas que forman una nueva arruga, y en cada una de esas lágrimas que deja surcos de sabiduría y experiencia a lo largo de tu rostro. Quiero disfrutar contigo, llorar contigo, pensar contigo, bailar contigo, cantar contigo, soñar contigo. Y ver como cada una de esas experiencias marca tu ser. Quiero estar contigo. Siempre. Te quiere, Tu Manuel
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