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A MI SOLEDAD
Tengo unas ganas desesperante de escribirle a mi soledad, De recorrer los pasos que me llevan a los recuerdos, De caer herido en las nubes sumergidas en los tiempos, De los instantes eternos cuando sueño despierto, De estar encerrado en los círculos de los besos confusos, De amores que ni siquiera escucho en el adiós de las retiradas.
Hoy día te escribo soledad, Y en las alas de los silencios me sofoco en las golondrinas de los inviernos, El mar me colma con su bruma y relámpagos de tristeza me llenan de hastío, Estoy huérfano de caricia y de amores como aves galopantes al abismo, Como si cuchillos de sombras me impregnan de claveles vacíos. Hola mi soledad, cuántas noches hemos hablado de lo mismo.
En las tardes sin brillo truenan las campanas llamando a misa para mis ríos, Son lágrimas que llueven de noche y de frío, que navegan distantes en el ozono. No sé si estoy perdido o he llegado sin saberlo a los versos que nunca escribo. Estoy perdido en mi cabaña con mis ojos de entierro y mirara de luto, Si he sido amante de las sombras, perdóname soledad.
Recuerdas soledad, hubo un tiempo que me adoraron y no fue mío, Hasta fui propietario de luceros preñados de ansiedad. No sé si amé hasta el cansancio o llegué hasta la locura, Pero me acuerdo de momentos que en la playa y las olas me pertenecían, Recuerdo los cuerpos que bajaron de la luna en las noches de los inviernos, Pero fui cobarde, lo juro, lo confieso, me arrepiento. Bienvenida soledad. Estoy en tus manos. Yo lo siento.
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