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 Asunto: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 03 Abr 2011, 20:16 

Registrado: 13 Feb 2011, 16:04
Mensajes: 1339
Las vacaciones de aquel verano no prometían nada nuevo, pero yo las esperaba con más ilusión que nunca. Como todos los años, iba a pasarlas en el pueblo y haría probablemente las mismas cosas de todos los veranos pero, sin saber por qué, presentía que aquellas vacaciones iban a ser especiales.

Faltaba un mes para terminar el curso y yo, con 10 años, estaba preparando los exámenes de primero de bachiller. No era muy buena estudiante, pero lo suficiente para aprobar todas las asignaturas, sin dejar nada pendiente para septiembre y poder disfrutar del merecido descanso.

Los últimos días del curso eran los más duros pues me daba una panzada a estudiar, ya que, como era habitual en mi, lo dejaba todo para el final. Solía disfrutar mucho con los preparativos del viaje, por eso, a pesar de estar muy agobiada con los estudios, me las ingeniaba para encontrar un hueco e ir haciendo una lista con las cosas que iba a llevar, que siempre eran muchas más de las que luego llevaba.

Entre unas cosas y otras el mes se me pasó más rápido de lo que pensaba . Con el curso ya terminado, aunque sin mucho entusiasmo por parte de mis padres, pues salvo en ciencias naturales y religión, que saqué sobresaliente, todo eran simples aprobados, organizamos el viaje al pueblo. Al igual que todos los años, mis padres y mi hermana, de cinco años, pasarían en el pueblo 15 días y luego regresarían a la ciudad, mientras que yo me quedaría todo el verano con mis abuelos.

El viaje era en un autobús de línea y por esa razón, la lista que yo había preparado con tanta ilusión, quedó reducida a la mitad. Mis padres no estaban dispuestos a cargar con un montón de bultos, además que, según decían, no necesitaba tantas cosas.
El día señalado amaneció gris y triste, pero para mi brillaba el sol. Me iba a encontrar con mis amigas, a las que no veía desde hacía un año y también iba a ver a mi gran amor platónico, el italiano, como le llamábamos todas porque era de Italia, aunque vivía en España (concretamente en mi misma ciudad), con sus padres y hermanos, desde hacía varios años y los veranos los pasaba en el mismo pueblo que yo.

Llegamos al autobús con el tiempo justo, nos acomodamos en los asientos y nos dispusimos a pasar tranquilos y relajados, la hora que duraba el viaje. ¿Tranquilos y relajados? Aquello era la marabunta, el autobús se lleno a tope. Gente hablando a voces, niños gritando y llorando y como aquellos autobuses tenían una especie de doble techo abierto, para llevar maletas y cajas con animales, pues a toda aquella algarabía, se unían el cacareo de las gallinas que la gente de los pueblos transportaba.

Por fin llegamos a nuestro destino. Mi abuelo nos estaba esperando pues aunque la distancia hasta la casa era corta, venía para ayudarnos con las maletas. En el corto recorrido fui disfrutando de los olores del pueblo, tan familiares y queridos. Eran una mezcla de olor a hierba, a humo y a vacas, que a mi me encantaba.
Ya en la casa nos esperaban mis dos tías (las hermanas pequeñas de mi madre) de 21 y 23 años y mi abuela, que nos había preparado una buena merienda, Nos recibieron con besos y abrazos y los consabidos …que bien se os ve…… y las niñas que guapas…. como han crecido.

La merienda, que consistía en café con leche y rebanadas de pan de hogaza, (típico pan de pueblo) con mantequilla y miel, nos supo a gloria. A mi no me gustaba, ni me gusta, la miel, pero sí la mantequilla y después de comer unas cuantas rebanadas y tomarme la leche, dejé a mis padres hablando con mis abuelos y a mi hermana jugando con el gato y salí a la calle en busca de mis amigas.

Las encontré en la plaza del pueblo y después de los besos y abrazos de rigor, nos pusimos a hablar de nuestras cosas y contarnos todo lo sucedido durante el año que no nos habíamos visto. Yo estaba deseando preguntarles por el italiano, pero me contenía, no quería que se dieran cuenta de mi interés por él, algo que guardaba muy celosamente. En un momento de la conversación y como que no quiere la cosa, les pregunte …¿Han venido ya los chicos?..... Y al decirme que algunos si, yo seguí preguntando…..¿y el italiano? …. Hace dos días que llegó, me dijeron y en ese momento se me despertaron todas las mariposas y empezaron a danzar en el estomago

Seguimos hablando y correteando por el pueblo hasta que empezó a anochecer, entonces decidimos que era ya hora de retirarnos, no sin antes, quedar para el día siguiente.
Cuando llegué a casa, la cena ya estaba lista, pero yo, con tantas emociones, o quizá por el atracón que me había dado de pan y mantequilla, no tenía ganas de cenar y solo tome, cómo no, mi consabido tazón de leche con pan desmigado y al de un rato, mi hermana y yo nos fuimos a la cama.

La habitación donde dormíamos las dos, era bastante reducida, la llamaban “el cuartucho” pero tenía una cama amplia, una mesilla y una mesita a modo de escritorio. Cerca del techo, que no era muy alto, había una ventana, mas bien pequeña y a través de ella, desde la cama, se podían ver los montes y el cielo. En las noches estrelladas, solía quedarme dormida contemplando las estrellas, pero esa noche no me interesaban las estrellas, me quedé dormida pensando en “mi italiano”.

A la mañana siguiente me desperté pronto. El día era radiante y el sol que entraba por la ventana, que no tenía ni cortinas ni persiana, iluminaba demasiado la estancia como para seguir durmiendo, aunque a decir verdad, en otro momento eso no hubiera sido un problema, pues los niños son capaces de dormir a plena luz y sobre una piedra, pero ese día yo estaba ansiosa por levantarme. Aún con todo, estuve un buen rato más en la cama, pues no quería despertar a mi hermana, que dormía plácidamente.

Por fin me levanté, estaba impaciente por disfrutar de mi primer día de vacaciones. Me asee….me vestí.…desayuné…. y como todavía era pronto para salir, empecé a dar vueltas por la casa , subí al camarote, para rebuscar en los cachivaches, baje a la cuadra para ver a mi abuelo ordeñar las vacas y estuve “ayudando” a mi abuela en la limpieza del corral.
Como ya era media mañana, dije a mis padres que me iba y salí en busca de mis amigas.

Estaban como era habitual, en la plaza del pueblo, nuestro lugar de encuentro. Como hacía muy buen día decidimos ir a jugar a una campa situada en lo alto del pueblo. Es una campa muy grande, llena de encinas donde, en las fiestas, se hacen meriendas y romerías. Estábamos correteando por allí, cuando vimos que llegaban los chicos. Venían montados en bicicletas, que tiraron en la campa y a continuación se pusieron a jugar a la pelota. Me dio un vuelco el corazón, el italiano venía con ellos. Me puse nerviosa y acelerada y, como siempre que estaba cerca de él y al igual que los bebés, que hacen el repertorio de todas sus gracias, yo empecé a presumir de mis habilidades para llamar su atención. Una de ellas, quizá la mejor, era trepar a los árboles, cosa que a mis amigas les maravillaba pues no era corriente, al menos en aquella época, que algo así lo hicieran las chicas, era mas propio de los chicos y éstos, ya se sabe, cuando una niña les emula en algo, la miran con asombro y admiración ( eso pensaba yo) y era lo que pretendía, sentirme admirada por el italiano.

Las encinas no son fáciles de trepar, porque las ramas empiezan desde muy arriba del tronco, pero había una encina, que no se por qué razón, estaba arrancada y tumbada en la campa a la espera, supongo, de ser retirada. Era una encina enorme y aunque estaba tumbada, la copa quedaba a mucha altura del suelo. Desde la base hasta el final había una gran distancia que iba elevándose gradualmente. Vi que esa encina me daba la posibilidad de demostrar mi mejor habilidad ante el italiano y sin pensarlo dos veces les dije a mis amigas….voy a trepar hasta la punta. Mis amigas un poco asustadas, trataban de disuadirme, pero yo obsesionada con llamar la atención del chico, presumiendo de algo que sabía hacer muy bien, seguí en mi empeño. No era difícil, pues al estar la encina tumbada, la ascensión no era en vertical sino progresivamente en diagonal, aunque a medida que se avanzaba había mas altura y el riesgo era mayor, algo que a mi me estimulaba aún más. De niña y de no tan niña, me gustaba el riesgo, la inconsciencia de los pocos años me hacía no ver el peligro.

Mis amigas no me quitaban ojo mientras yo ascendía toda colorada por la excitación. No había llegado aún al final, pero ya había una buena altura, cuando vi una rama muy apropiada para sentarse en ella y así lo hice. Me senté mirando hacia abajo , me sentía como una diosa, yo arriba en lo alto y mis amigas y los chicos, que ya se habían percatado de mi “hazaña” mirándome desde abajo. Estuve así sentada un rato contemplando el panorama y empecé a mover la rama hacia arriba y hacia abajo, columpiándome a modo de balancín, Noté que la rama se empezaba a romper, pero no me dio tiempo a reaccionar, se partió del todo y yo que vi que me caía intenté agarrarme a otra que también se rompió y entonces empecé a caer. Digo empecé a caer, porque no fue caída libre, al estar el árbol tumbado, la caída no fue en picado, sino que fui como resbalando y eso me salvo de consecuencias mas graves, pero me dejó el trasero en carne viva, pues en la bajada me fui raspando con la corteza y las ramas de la encina.

Cuando llegué al suelo, aún no terminaron mis desgracias, porque rematé la caída, aterrizando sobre un hormiguero. Las hormigas al verse atacadas por un intruso que les destrozaba su vivienda, salieron despavoridas y como yo les bloqueaba la salida, no tuvieron otro remedio que escapar por entre mi cuerpo. Con el trasero dolorido y sangrando y el cuerpo lleno de hormigas yo no hacía otra cosa que llorar y gritar. Mis amigas, junto con los chicos y algunas personas mayores, vinieron en mi ayuda.

Me llevaron a la farmacia, que servía también como cuarto de socorro y allí me hicieron unas curas y me dieron la antitetánica. Mis padres que fueron avisados, llegaron asustados y mi madre aún se asustó más cuando me vio el trasero, que parecía el culo de un mandril.

Estaba avergonzadísima, solo quería irme del pueblo y no volver nunca mas. Ya nunca podría mirar a la cara al italiano, ya nunca podría volver a presumir de mis habilidades, había hecho el ridículo…. que bochorno, como se habrían reído de mi al verme allí caída y llorando como un crío.

Yo quería volver a mi casa de la ciudad, pero mis padres no estaban dispuestos a renunciar, por mi locura, a sus quince días de vacaciones, así que me tuve que resignar a seguir en el pueblo, pero estuve esos quince días sin salir de casa. Tenía que dormir boca abajo y no podía sentarme, pero sobre todo no podía enfrentarme a las risitas y miradas irónicas, que suponía, de los chicos y aunque mis amigas venían todos los días a visitarme, yo estaba acongojada y sin ganas de nada. No era el trasero lo que mas me dolía, era mi orgullo y mi dignidad que habían quedado maltrechos y por el suelo, y nunca mejor dicho. Cuando pasaron los quince días, regresamos todos a la ciudad y ese verano ya no volví al pueblo. Confiaba en que para el próximo verano, se hubieran olvidado ya de mi hazaña

Los niños tienen buena encarnadura y cicatrizan pronto las heridas, tanto las del cuerpo como las de alma y yo cuando empecé el nuevo curso ya me había curado de ambas , es mas, ya no me sentía ridícula ni abochornada por lo sucedido, todo lo contrario, sobre todo porque cuando contaba en el colegio mi odisea, (que lo hice varias veces porque me lo pedían) no solo no se reían de mi, sino que me miraban con admiración, les debía de parecer una heroína, claro está que tuve mucho cuidado en callarme lo de mis llantinas y gritos cuando aterricé sobre el hormiguero

Mi presentimiento de que aquellas vacaciones iban a ser especiales había sido acertado


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 Asunto: Re: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 03 Abr 2011, 20:53 
La jefa de todo esto
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Registrado: 07 Feb 2011, 21:52
Mensajes: 8774
Me rei co tu relato anda que vaya punteria en un hormiguero jajaj es que te imagino alli sentada, gracias por compartir ha sigo genial a mi me paso algo parecido por ir a coger los huevos de un nido de un pájaro qeu mi madre me dijo que no me acercara... besos MARIELE

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 Asunto: Re: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 04 Abr 2011, 03:52 
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Registrado: 13 Feb 2011, 15:25
Mensajes: 7300
Ubicación: Hialeah Florida USA
Leer esta historia es como mirar una película, me parece haber visto todos esos lugares, el hormiguero las montañitas de tierra.
En final me encantó amiga, gracias por compartir.

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 Asunto: Re: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 07 Abr 2011, 21:07 

Registrado: 13 Feb 2011, 16:04
Mensajes: 1339
Me alegro Rosa que te haya hecho reir mi relato. Lo del hormiguero no creas que hacía falta mucha puntería :) , porque en esa campa, al menos por aquella epoca, solía haber muchos montoncitos de tierra que eran entradas de hormigueros e inlcuso mi hermana una vez se sentó encima de uno porque le parecio que era un levante de tierra, sin mas y claro se lleno también de hormigas. Parece que eso de las hormigas es cosa de familia :lol:

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 Asunto: Re: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 07 Abr 2011, 21:15 

Registrado: 13 Feb 2011, 16:04
Mensajes: 1339
Me satisface mucho Juan que mi relato sea tan "detallado" que hayas ido viendo las imagenes que yo plasmaba. A mi me gustan las novelas descriptivas, porque voy imaginando lo que van describiendo y quizá por eso mis escritos sigan esa linea que por otra parte me gusta hacerlo así, pues mientras lo escribo lo voy volviendo a vivir y lo disfruto de nuevo como si estuviera pasando en ese momento.

Un abrazo

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 Asunto: Re: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 08 Abr 2011, 00:59 
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Registrado: 17 Feb 2011, 23:53
Mensajes: 1789
Mariele. No sabes como disfruto de tus relatos. Gracias,por compartirnos tus hermosas letras..Como siempre Un placer leerte.Te dejo mi huella y miles de Abrazos. Eliana

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 Asunto: Re: LA ENCINA - Recuerdo de unas vacaciones
NotaPublicado: 08 Abr 2011, 16:17 

Registrado: 13 Feb 2011, 16:04
Mensajes: 1339
Gracias Eliana por leerme. Me alegra que disfrutes con mis relatos aunque supongo que éste ya lo conocías, porque lo puse en el otro foro, pero como hemos cambiado de casa y todo lo de la otra se ha perdido, voy a ir poniendolos poco a poco en este, para que quede constancia de ellos y no queden en el olvido.

Un abrazo

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